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Buscar la paz y perseguirla

Tras la culminación de la festividad de Shavuot, cuando llega Shabat, se lee la sección -parashá- del Pentateuco llamada “Bealotjá”. En tanto que el Shabat anterior, se leyó la sección “Nasó”.

La sección anterior, “Nasó”, concluyó con el detalle de los príncipes de cada tribu, quienes presentaron las ofrendas para la inauguración del Santuario. Y también se explicó, que la tribu de Levi, no participó de este acto.

Por su parte, en la parashá que leemos después de Shavuot, Bealotjá, está escrito (Números 8: 1): “Habló El Eterno a Moshé diciendo: háblale a Aharón y dile: cuando enciendas las candelas, frente al candelabro, alumbrarán las siete candelas”.

Tomando en cuenta el final de la sección anterior, y el principio de la nuestra, uno se pregunta: ¿Por qué causa fue dispuesta la sección que se refiere al candelabro, próxima a la que habla de las ofrendas presentadas por las tribus en la inauguración del Santuario?.

La respuesta es, que esto fue así porque Aharón y los demás integrantes de la tribu de Levi, contemplaban que todos participaban trayendo ofrendas para el estreno del Santuario. En tanto ellos permanecían totalmente al margen. Esto provocó en ellos una sensación de decaimiento. Pues pensaron ¿por qué hemos sido alejados de esta celebración tan importante?.

No obstante, la intención de El Eterno era reservar su participación para la culminación de la ceremonia. Es semejante a lo sucedido con un rey, que organizó un gran banquete al cual invitó una camada de gente distinguida. Posteriormente hizo lo mismo, pero convidando esta vez a otro grupo de personas, y así prosiguió durante algunos días. 

Sin embargo, pese a la alegría de todos los que tuvieron el honor de ser convidados a las distintas comidas, había un hombre, muy amigo del principal mandatario, quien permanecía triste y afligido. Este individuo pensaba: ¿quizá el rey tiene en su corazón algo en mi contra, y por esa razón no me llamó para ninguno de sus agasajos que organizó?.

Pero al concluir la serie de banquetes, el rey lo llama especialmente y le comunica: “He dispuesto agasajos para toda la gente del país, a los cuales convoqué en grupos, y ahora realizo este para ti en particular, pues eres mi amigo especial y te homenajearé por separado”.

OCURRE EN MUCHAS CIRCUNSTANCIAS

Este tipo de conducta se halla en reiteradas ocasiones, en los distintos ámbitos, e incluso en la actualidad. 

Por ejemplo, hace algunos años, tuvimos el honor de participar de la celebración de “Simja Torá”, en una ciudad lejana. “Simaj Torá” es la festividad que tiene lugar tras la culminación de Rosh Hashaná, Iom Kipur y Sucot (la fiesta de las cabañas), y en ella el pueblo judío se alegra con la Torá. Por eso se baila y canta, circundando con los rollos sagrados de la Torá alrededor de la tarima -bimá- en la cual durante todo el año se leen las sagradas escrituras. El baile se realiza con todos los rollos de la Torá que hay en la sinagoga.

Asimismo, es costumbre que para tal oportunidad, todos los presentes son llamados a leer la Torá. 

Causalmente, el anfitrión y organizador del evento fue mi maestro de Torá, Rabí Moshé ben Rabí Akiva Iosef. 

La ceremonia había dado comienzo, y la alegría de los concurrentes se manifestaba en cada rincón de la sinagoga. El organizador comenzó a llamar uno a uno a los presentes, para que lean la Torá, en tandas, como es usual. 

La cuestión es que una tanda sucedió a la otra, hasta que prácticamente todos fueron llamados. En ese momento pensé ¿Cómo es posible que se olvidó de mí?.

De todos modos, pese a lo sucedido, no me acerqué para reclamar, pues pensé que si así fue decretado del Cielo, hay que aceptarlo.

Finalmente la ronda llega a su punto culminante, a la cual me quedé, para presenciar la maravillosa ceremonia de cierre, para la cual se estila convocar al individuo más distinguido de la comunidad. El elegido recibe el inigualable honor de subir a la Torá y finalizar la última estrofa del rollo. 

Esta destacada ceremonia es precedida por la recitación de bendiciones y párrafos selectos, que generan un clima inigualable. El mismo aumenta más aun la trascendencia de este emocionante momento, en especial, para aquel que ha sido designado “jatán Torá” (es el nombre que recibe quien fue distinguido para la distinción mencionada). 

La cuestión es que Rabí Moshé, comienza a hablar de los pasos a seguir en este relevante eslabón de la celebración, y a continuación, ante la expectativa de todos los presentes que desean saber quien ha sido nominado para la ocasión, pronuncia el nombre del honrado para ello: Iamod (póngase de pie para subir a leer la Torá): R’ David ben Israel”. 

Fue un impacto bastante fuerte e inesperado, pues precisamente ese es mi nombre, y todo indicaba que la designación para tan trascendental momento había recaído en mi persona.

Fue un momento realmente emocionante, y tiene mucha semejanza con lo acontecido en nuestra parashá, donde las doce tribus presentaron sus ofrendas, siendo aceptadas y recibidas por El Eterno, mientras la tribu de Levi no acercó absolutamente nada. 

Paso seguido, El Eterno comunica: “Al ser que ha sido culminada la inauguración del Santuario donde todas las tribus trajeron su ofrenda por grupos, de ahora en más, ustedes harán una inauguración individual y particular. Esto es porque son amados por Mí en forma especial. Por eso ‘Habló El Eterno a Moshé diciendo: háblale a Aharón y dile: cuando enciendas las candelas, frente al candelabro, alumbrarán las siete candelas’. (Números 8: 1)

A través de esto El Eterno comunicó a Aharón: ’Tu vida es más grande que la de ellos, pues los sacrificios que presentaron, tienen lugar exclusivamente cuando el Templo Sagrado está en pie, en tanto que el encendido de las candelas es para siempre’. 

Es en referencia a las velas de Jánuca, las cuales independientemente de que el Templo Sagrado exista o no, son encendidas en todo el mundo, durante todas las épocas. (Midrash Rabá Bealotjá 15: 6)

LAS VELAS DE JÁNUCA

Las velas de Januca se encienden durante ocho días consecutivos, y este es el motivo: 
“El 25 del mes de Kislev comienzan los ocho días de Jánuca. En esos días está prohibido realizar conmemoraciones públicas por los muertos -esped- y está prohibido ayunar (porque son cosas opuestas a la alegría). Pero está permitido trabajar. No obstante, las mujeres acostumbran a no realizar labores mientras las velas permanecen encendidas (durante media hora). Y hay quienes opinan que no se debe ceder en alivianar esta costumbre de las mujeres”. (Shulján Aruj 670)

Explicacion

El 25 del mes de Kislev comienzan los ocho días de Jánuca: 

Es porque en el segundo Templo Sagrado, cuando el reinado se encontraba en poder de los malvados (griegos), ellos legislaron severos decretos sobre Israel, entre los cuales constaba la prohibición de ejercer el judaísmo. No permitían a los judíos ocuparse de la Torá y los preceptos.

Además, los griegos robaron el dinero y los bienes de los judíos, y echaron mano a las hijas de ellos. También ingresaron al Templo Sagrado y lo profanaron, impurificando todo lo que estaba puro. Oprimieron a Israel en gran manera, y les propinaron una presión angustiante, hasta que el Eterno se apiadó de Su pueblo, por el mérito de los patriarcas de Israel, salvando a los hijos de Israel de las manos del opresor.

En ese momento guiados y bendecidos por el Eterno, los hijos de Jashmonai que eran sacerdotes -cohanim- enfrentaron al enemigo, y les propinaron una feroz paliza. Los valientes judíos mataron a muchos de los invasores, y volvió el reinado a estar bajo el poder de Israel. Esta dicha se prolongó por un espacio de tiempo superior a 200 años, hasta que el Segundo Templo fue destruido.

Cuando los judíos derrotaron a los invasores, era el día 25 de Kislev. Luego de la rotunda victoria, ingresaron al Templo Sagrado, y no encontraron la cantidad de aceite puro necesario para encender el candelabro –Menorá-, durante los días que se requerían hasta que sea elaborado nuevo aceite puro. Solo hallaron un solo frasco que estaba intacto, y sellado por el Cohen Gadol (Sacerdote Principal), lo cual constataba que ese aceite estaba puro. 

Este aceite hallado alcanzaba para encender la "Menorá" por espacio de un solo día. Sin embargo, aconteció un milagro, y con el aceite de ese frasco encendieron la "Menorá" durante ocho días, hasta que prensaron nuevas aceitunas, y elaboraron aceite puro.

Por este motivo decretaron los sabios de aquella época, que sean esos días que comienzan el 25 de Kislev, días de alegría y alabanza a Di-s. Por lo tanto, se deben encender en esos días las velas conmemorativas de ese suceso, cada noche de los ocho días que duró el milagro, cada uno junto a la puerta de su casa. Esto es para difundir el milagro de Januca, siendo este un precepto dispuesto por los sabios, que tiene un valor similar a la lectura del libro de Esther -Meguila- en Purim. (En Purim se conmemora también un milagro parecido al ocurrido en Januca, pues mientras el pueblo se hallaba exiliado en Babilonia, años antes de haberse construido el Segundo Templo Sagrado también quisieron exterminar al pueblo judío, pero Di-s hizo un milagro y nos salvó de manos del opresor).

Los días en que se celebra la festividad de Jánuca reciben este nombre porque "Janu" significa "cesar" y "ca" representa al número 25. O sea, en el día 25 (del mes Kislev) los judíos cesaron de ser acosados por el enemigo. 

Al ser estos días, una conmemoración de la alegría vivida en aquellos tiempos por el milagro perpetrado por Di-s al pueblo, por eso en estos días está prohibido realizar conmemoraciones públicas por los muertos –esped- y está prohibido ayunar.

En estos días los pobres acostumbran a visitar las casas y golpear a las puertas para solicitar ayuda. (Shulján Aruj 670, Mishná Brurá)

Esta es la interpretación de lo anunciado por El Eterno a Aharón, en nuestra parashá, donde reveló que tanto él como sus demás compañeros de tribu, encenderán las candelas, en forma perpetua. 

Otras velas

Además de lo dicho, existe también, en el mensaje pronunciado por El Eterno (el versículo de nuestra parashá antes citado), un indicio de otro tipo de velas encendidas por Aharón, que también acontecería en forma perpetua. Nos referimos a las almas de las personas, las cuales son llamadas “luminarias de El Eterno”, tal como consta en el libro de los Proverbios: “la luminaria de El Eterno es el alma de la persona”. 

Esto también está insinuado en el versículo de nuestra sección “Bealotjá”. 

Para esclarecer este punto, recordemos lo expresado por el versículo: “Habló El Eterno a Moshé diciendo: háblale a Aharón y dile: cuando enciendas las candelas...”. 

Esta traducción al español está basada en la traducción del más reputado, popular y reconocido de los traductores del Pentateuco. Nos referimos a Onkelus, quién trasladó los cinco libros de Moshé al lenguaje Arameo, suceso que tuvo lugar hace ya cerca de 2000 años. Sin embargo, si observamos la versión original en hebreo, apreciaremos que consta: “Bealotjá et hanerot”, cuya traducción literal sería “Cuando eleves las candelas...”. 

Al apreciar este detalle nos preguntamos ¿para qué fue escrito “elevar” y hay que Interpretar “encender”? ¿Por qué no fue escrito directamente “cuando enciendas”?.

El motivo de esta variante se debe a que la palabra mencionada, en su sentido literal, también tiene el objetivo de enseñarnos algo importante. 

Por lo tanto, si tomamos la palabra según su sentido literal, y lo asociamos a lo mencionado en el libro de los Proverbios, resulta que El Eterno comunicó a Aharón: “elevarás las almas...”. 

Aharón eleva las almas

Está escrito en Tana Dbei Eliahu (Rabá 13: 3): Aharón sabía que autoexcluyéndose de la sociedad, dedicando su vida solamente a cultivarse espiritualmente a través del estudio de la Torá, hubiese llegado a niveles elevadísimos y extraordinarios. Sin embargo, renunció a todo este placer inigualable del que podía haber disfrutado sin lugar a dudas, y lo trocó por una labor completamente diferente. Iba de tienda en tienda, puerta por puerta, y a todo aquel que no sabía leer “Oye Israel” (Deuteronomio 6: 4), le enseñaba. Asimismo, quien no sabía recitar una plegaria al Eterno, le explicaba como hacerlo hasta que aprendía. Cuando hallaba alguien que no captaba la profundidad de la Torá, pacientemente lo ayudaba hasta que lograba encauzarse y comprender. 

De este modo, Aharón encendía la llama de las almas judías, las cuales además de gozar ahora de luz propia, alumbraban a otras que yacían apagadas.

Sin embargo, en reiteradas ocasiones, Aharón hallaba que las candelas -las almas- no encendían. Se debía a la presencia de impedimentos. Similar a lo que acontece cuando alguien desea encender la mecha de una lámpara de aceite que está completamente cubierta por suciedad u otros elementos, el fuego no podrá lograr su cometido, del mismo modo, acontece con las almas. Hay ocasiones en que las mismas no están en condiciones de alumbrar y elevarse, pues hay obstáculos que interceden entre ella y las palabras de Torá, el medio que las encenderá. Estos impedimentos que no permiten el acceso del encendido son, el enojo, la ira, cólera, irritación, o cualquier otro móvil que provoca la ausencia de paz espiritual. 

Sin embargo, pese al tétrico cuadro, Aharón no se retiraba para ir en busca de individuos que se hallen en condiciones más propicias de recibir sus enseñanzas y orientación. Por el contrario, se abocaba con todas sus fuerzas a dar solución a los conflictos que impedían su gestión, hasta que lo lograba.

Aharón “Hacía la paz entre los integrantes del pueblo de Israel y el Padre celestial, entre un varón y su prójimo, entre aquel individuo que estaba en conflicto con un erudito, entre los sabios mismos cuando surgía entre ellos alguna diferencia, y entre el marido y su esposa”. (Tana Dbei Eliahu Rabá 13: 15)

Luego de esto, estos individuos quedaban en condiciones de superarse y elevar sus almas.

OTRO PROBLEMA 

En otras ocasiones, el factor de impedimento en las personas para recibir sus enseñanzas para encender y elevar sus almas no era a causa de ausencia de paz. Sino, se debía a que eran poseedores de un interior plagado de pecados y pensamientos aborrecibles. En este caso, Aharón se dirigía a los individuos que presentaban estas características de manera muy amable, afectuosa, y cálida. De esta manera lograba que reflexionen y piensen. Pues ante la destacada visita de Aharón, ellos mismos recapacitaban y decían:

“Si Aharón supiera de mis horrendos pensamientos y mis deplorables actos, seguro que no hablaría conmigo”. Inmediatamente, producto de tal reflexión, este hombre se avergonzaba por su conducta llevada hasta el momento, y decidía un cambio radical en su vida, encauzándose definitivamente por la buena senda. (Mishná Pirkei Abot 1: 12 R’ Kehati)

Esta forma de actuar, haciendo las paces en todo momento, lugar y situación, provocó que El Eterno sentencie: “Tu intención fue buena, e hiciste las paces entre Mi y los hijos de Israel. Yo Haré salir de ti hijos que rediman a Israel cada año, y les prediquen la paz cada día. Ellos bendecirán a la congregación pronunciando estas palabras: ‘El Eterno te bendiga y te proteja. Ilumine El Eterno Su rostro hacia ti, y te agracie. Alce El Eterno Su rostro hacia ti y te otorgue paz’”. (Números 6: 24-26)

A través de esto El Eterno lega a Aharón y todos sus descendientes, para todas las épocas, un instrumento portador de paz, elemento indispensable para permitir a las almas ser encendidas, y elevarse hacia El Eterno.

Por su parte, el gran sabio Hilel, manifestó que es necesario tomar el ejemplo de Aharón y aplicarlo a nuestra vida cotidiana. Dijo: “Sean de los alumnos de Aharón, amando la paz y persiguiéndola, amando a las criaturas, y sacrificándose por la Torá”. (Mishná Pirkei Abot 1: 12)

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