Una definición académica sería:
Los Buenos modales son los actos que expresan el nivel de
conciencia que tenemos hacia la dignidad de los demás.
Algunas características de buenos modales son:
- Aprender a sonreír, independientemente del temperamento
que uno posea. Como dijo el erudito Shamai: “Haz de recibir
a toda persona con rostro cordial”. (Pirkei Abot 1: 14)
- Adoptar el hábito de saludar, independientemente de la
posición de uno en la empresa, o en la sociedad. Esta particularidad
consta explícitamente en la Mishná:
“Apresúrate a saludar a toda persona” (Avot 4.20). Y en
el Talmud se amplía: como lo hacía R. Iojanan ben Zakai,
sobre quien se dijo que jamás hombre alguno se adelantó
a él en el saludo, ni siquiera un gentil en el mercado (Berajot
17a)
- Controlar el tono de las palabras para no ofender al otro.
Como se dijo: “El que desprecia a su prójimo carece de corazón”
(Proverbios 11:12), y “Un hombre debería siempre hablar
gentilmente con los demás” (Yoma 86a).
- Ser consciente del daño que hacen las malas palabras.
Como lo indica el versículo: “Cuando llega el impío llega
también el desprecio” (Proverbios 18:3). También se dijo:
"No hagáis sufrir a vuestro hermano" (Levítico 25: 14) y
"No hagáis sufrir a vuestro prójimo" (Levítico 25: 17).
El Talmud agrega: Las calumnias y la difamación son faltas
gravísimas, condenadas y penalizadas severamente por el
Todopoderoso. (Talmud Babá Metzía 59)
- Ser conscientes de que los gritos deben evitarse al comunicarse
con la pareja, los hijos, y con cualquier otro ser humano.
Esto lo indica la Escritura en forma clara: “Las palabras
de los sabios, dichas cordialmente, son aceptadas” (Eclesiastés
9:17).
- En caso de necesidad de llamar la atención o contender
es necesario recordar que queremos integrar no desintegrar.
Para alcanzar este propósito hay que ser humildes. Al respecto
se enseñó en el Talmud:
“R. Abahu dijo: ‘Al principio pensé que yo era humilde,
pero cuando vi que R. Aba de Aco dio una razón y su intérprete
otra, y sin embargo no se enojó, me dije a mí mismo: ‘Yo
no soy humilde’”. (Sota 40a). También se dijo: “Un hombre
debe aprender del ejemplo de El Eterno, quien eludió todas
las montañas y colinas, e hizo que Su divina Presencia se
posase sobre el monte Sinaí (el más bajo de todos)”. Esto
es por su modestia. (Sota 5a)
Para lograr humildad es necesario tener en cuenta: “Es mejor
retroceder dos o tres niveles de tu lugar, de modo que te
digan: ¡Adelántate!, que adelantarse y que te digan ¡Retrocede!”.
(Vaikra Raba 1.5):
-Saber comportarse en la mesa y al tomar los alimentos.
Los detalles y particularidades de este asunto, abundan
en los textos sagrados. Veamos algunas citas:
No comas como un hambriento,
desesperadamente (Beitzá 25, Shulján Aruj Oreaj Jaim 170:
9 – Ramá)
No muerdas un alimento y luego lo dejas sobre la mesa, le
causará repugnancia a los demás comensales (Beitzá 25, Shulján
Aruj Oreaj Jaim 170: 10 - Mishná Brurá)
No mires al que come, ni a su porción para no avergonzarlo.
(Shulján Aruj Oreaj Jaim 170: 4)
- Dirigirse al prójimo con amabilidad. Al respecto se dijo:
“Por el pecado del habla obscena, las tribulaciones se renuevan”
(Shabat 33a).
Hemos apreciado algunas de las tantas facetas en las cuales
se aplican las reglas de buenos modales. Tras contemplarlas,
concluimos que para aspirar a ser una buena persona, amada
aquí abajo en la tierra y arriba en el Cielo, es necesario
incorporarlas a nuestro régimen de vida cotidiano (ver Tana
Dbei Eliahu Raba)
El saludo
Uno de los conceptos enunciados es el saludo.
El saludo es una característica de buenos modales de las
más populares. En todos los países hay modismos que se manifiestan
en el saludo.
El saludo más utilizado en China durante las presentaciones
es "ni hao ma", cuyo significado es ¿Cómo está usted?. O
sea, similar a lo que para los ingleses es "how are you".
Este modismo señalado es común, existente en muchos países,
sin embargo, en China se distingue durante el saludo un
alto grado de respeto y precedencia. La persona de mayor
edad es la que inicia las presentaciones. En ese país se
tiene un gran respeto por los mayores.
Allí se debe saludar a la persona de mayor edad antes que
a cualquier otra persona. Los más jóvenes siempre deben
saludar a los más mayores.
En Francia sin embargo, se distingue una histórica tendencia
por los modales refinados. La amabilidad de los franceses
se refleja en largos apretones de manos y besos en las mejillas.
Difieren en este aspecto de Ingleses y Alemanes, que se
muestran mucho más fríos y distantes.
En España, por regla general, los caballeros se dan la mano.
Las mujeres suelen darse dos besos en las mejillas.
En Uruguay, el saludo más común empleado para saludar a
alguien es con un firme y caluroso apretón de manos. Las
mujeres generalmente se dan un beso en una mejilla. Los
saludos verbales dependen de la situación.
Por ejemplo, la expresión "Hola" es un saludo común y casual.
En cambio "Buen día" es un saludo más formal.
Es costumbre allí saludar individualmente a cada miembro
de un grupo reducido de personas. En tanto en las ciudades,
no se suele saludar a los extraños que pasan por la calle,
pero en las zonas rurales el saludo entre gente desconocida
es común. Y esto nos recuerda a la práctica antes citada
de Rabí Iojanán ben Zakai, quien saludaba a todos.
En E.E.U.U. ocurre algo diferente, pues los modales americanos
están basados en el sentido común, la práctica y el sentido
de igualdad entre todas las personas.
Por ejemplo los neoyorkinos se muestran por lo general alegres
y saludan de forma amistosa. Lo hacen a través de un enérgico
apretón de manos.
En Japón, los habitantes de ese país son muy protocolarios
y de gran respeto por sus costumbres y sus mayores. Incluso
en la actualidad conservan costumbres ancestrales. Uno de
los rasgos más salientes de su cultura es el saludo. La
reverencia practicada por ellos al saludar, da una pauta
de la importancia de la persona saludada. Cuanto mayor es
la reverencia y de mayor duración, mayor es la importancia
de la persona a la que se saluda.
Sintetizando
Como se contempló, en cada pueblo existen modismos
de saludos, y en cada caso hay rasgos a tomar en cuenta
para extraer conclusiones y reflexionar. Esto conlleva indefectiblemente
a perfeccionar la conducta particular de uno mismo.
La base de todos esos rasgos destacados, consta en el Talmud
y los escritos sagrados:
Por ejemplo, el respeto por las personas mayores en China,
está enunciado en el Pentateuco: “Delante de las canas te
levantarás y honrarás el rostro del anciano” (Levítico 19:32).
La reverencia japonesa, está aludida en múltiples versículos.
Uno de ellos es: “Corrió -Abraham- hacia ellos desde la
puerta de la tienda, y se prosternó” (Génesis 18: 2)
Por lo tanto, dado que el saludo es tan importante, tanto
desde el punto de vista racional humano, como por mención
bíblica, es necesario practicarlo adecuadamente y no pasar
por alto este rasgo tan importante que pertenece a la gama
de los buenos modales.
Esto, respecto a adelantar el saludo al prójimo, pero acerca
de devolverlo, fue dicho en el Talmud: “Si el compañero
le adelantó el saludo, y no se le respondió, éste es considerado
un ladrón” (Berajot 6b)
Saludo al retirarse
Lo expuesto hasta aquí, posibilitó la apreciación
de los distintos pormenores concernientes a la importancia
del saludo al presentarse. Antes bien, también al retirarse
uno debe saludar.
La realidad manifiesta, que es común en muchas personas
saludar cordialmente cuando ingresan, pero cuando se retiran,
no prestan demasiada atención al saludo de despedida.
Este debe ser tema de consideración, pues tiene tanta importancia
el saludo al retirarse como el que se manifiesta al entrar.
En la actualidad se lleva un ritmo de vida acelerado. En
reiteradas circunstancias sucede, que un individuo llega
a su hogar para el almuerzo, y al entrar, saluda cordialmente
a su esposa, se sienta a la mesa, y esta sirve la comida
que preparó con esfuerzo. Ambos comparten el plato de ocasión,
y dialogan brevemente. Sin embargo, el hombre debe retornar
a su trabajo, por eso almuerzan rápidamente. Al cabo de
unos pocos minutos, ella se levanta a buscar las frutas
que compró para servirlas, y cuando regresa halla que su
esposo ya no está.
Este es un caso común de descuido en el saludo al retirarse,
y es algo que debe mejorarse.
No importa si uno recibió un llamado telefónico al celular
y le comunicaron algo de carácter urgente, que lo motivó
a salir a toda prisa. Tampoco si la agenda electrónica le
recordó que tiene una cita importante. Antes de retirarse,
corresponde ser respetuoso y considerado con su prójimo,
debe saludarlo.
CITAS CONEXAS
Veamos algunos casos citados en el Talmud, que narran sucesos
de los eruditos, en el momento de saludar al retirarse.
Estos hechos nos motivarán a intentar copiar aunque sea
mínimamente lo que ellos hacían.
Rabí Elazar era alumno de Rabí Iojanán. Cuando su maestro
se levantaba para retirarse, Rabí Elazar se paraba e inclinaba
reverentemente hasta que el maestro se perdía de vista.
En cambio cuando Rabí Elazar era el que se retiraba, caminaba
hacia atrás reverentemente, para no dar la espalda a su
maestro, hasta que se perdía de vista de éste.
Raba, cuando se retiraba de ante la presencia de Rab Iosef,
su maestro, retrocedía hacia atrás, no dándole la espalda,
hasta que sus piernas colisionaban con los obstáculos que
había en el camino, cuyo roce magullaba sus piernas.
Una vez, le dijeron a Rab Iosef (que era ciego): “Raba cuando
lo saluda retrocede hacia a atrás, y se magulla las piernas”.
Rab Iosef después de escuchar esto dijo a Raba: ¡Sea la
voluntad de El Eterno que te conviertas en el maestro de
toda la ciudad!. (Ioma 52b)
Efectivamente, Raba fue nombrado en un futuro director de
la academia de estudios más grande de la ciudad, con lo
que se cumplieron las palabras de su maestro. (Berajot 63)
Es para nosotros difícil copiar textualmente estas acciones
de los sabios que fueron descritas, pero al menos debemos
rescatar la actitud. No retirarnos jamás sin saludar, ya
sea en la casa, en el negocio, o en cualquier otro lugar.
Existen personas que llaman por teléfono, y cuando son atendidas
saludan: ¿Hola?. ¿Con quien hablo?. Pero enseguida se dan
cuenta que se trata de un error. En vez de comunicar a quien
atendió que se trata de un error y saludar despidiéndose,
directamente cuelgan el auricular y marcan nuevamente pretendiendo
dar con el número correcto.
¿No creen que es este un acto de desprecio por el prójimo?.
Hay que aprender de los sabios de antaño, y aunque no asumamos
una acción idénticamente igual, al menos la actitud
de ellos hay que imitar. Si uno se equivocó, debe comunicar
a su interlocutor, ¡Disculpe, es un error! Luego saluda
y corta.
Lo mismo si uno subió a un ómnibus, y pregunta al conductor
¿Llega hasta la calle Ploni?. El conductor le responde que
no. En ese momento usted debe, agradecer la atención, saludar
y descender. Solo que en este caso particular debe hacerlo
en forma espontánea, sin demorarse, pues el ómnibus debe
seguir viaje, y si se detiene allí para rendir extensos
protocolos, estará faltando el honor a los viajeros y al
conductor. Aunque esa urgencia no le da derecho a dar media
vuelta y descender sin saludarlo, sino que mientras lo hace
debe hacerlo. Corresponde que le retribuya aunque sea en
una medida mínima lo que su prójimo hizo por usted. Piense
que personalmente no le gustaría que le hagan eso en una
situación similar. El sabio Hilel enseñó al respecto: “no
hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”. (Shabat
30)
Saludar al presentarse y al retirarse es esencial en todo
lugar y en todo momento. Debe respetarse el honor del prójimo
tal como deseamos que se respete el nuestro.
TAMBIÉN EN LA PLEGARIA
Esto debe aplicarse también en la plegaria brindada a El
Eterno. Cada vez que uno se dirige a Él, con el fin
de pedirle, o agradecerle por algo, simultáneamente
debe uno habituarse a saludarle y reverenciarlo adecuadamente.
Toda vez que se habla con Él,
ha de cultivarse un hábito de respeto y honor en el diálogo,
el cual además de cumplir con las pautas de respeto
y honor debidas, indudablemente pasará a formar parte
de nuestra propia naturaleza. Estoe proceder ocasionará
que el mismo esté en nuestro interior en estado latente,
y se activará también en los momentos de nuestra vida en
que hablamos con nuestros semejantes.
El saludo a El Eterno en el rezo debe ser de este modo:
al iniciar el momento cumbre de la oración, es decir, al
llegar a la plegaria denominada de las dieciocho oraciones,
debe saludarse. Pues en ese instante uno queda situado directamente
en dirección a Su Presencia, y es el moemnto justo
para derramar lo que hay en nuestro corazón. Por
lo tanto, al inicio de la primera de esta serie de oraciones,
uno se prosterna ante Su Presencia.
Luego prosigue el desarrollo de la serie de 18 oraciones,
mediante las cuales uno alaba y pide a El Eterno lo que
necesita particularmente y también pide por los demás
individuos.
Finalmente, al culminar, se
prosterna reverentemente, y en esa posición, sin erguirse,
da tres pasos hacia atrás.
En ese momento al tomar uno
esa distancia, queda frente a la Presencia Divina, la cual
en el transcurso de la plegaria se había mantenido sobre
uno. Pero ahora, al distanciarse, queda frente a ella, por
eso, aun prosternado, ofrece el saludo de despedida.
Para ello, aun prosternado,
gira su cabeza y tronco hacia la izquierda y pronuncia las
palabras “El que hace paz en las alturas”, gira hacia la
derecha y declara “Él haga paz entre nosotros”, vuelve su
cabeza hacia el centro y dice: “y entre todo Israel, y decid
amén”. (Shulján Aruj Oreaj Jaim 123: 1)
Este es el saludo que debe ser expresado al retirarse de
ante la Presencia de El Eterno, al culminar la plegaria
de las 18 oraciones.
UNAS REFLEXIONES
Debe observarse que los requisitos para el saludo final
son mayores a los que se indican para el comienzo de esta
plegaria. Es porque se trata de un momento clave y vital,
tanto o más importante, en algunos aspectos, que al saludar
cuando uno se presentó al comienzo.
Pues al culminar, uno ya oró,
y le pidió lo que necesitaba o deseaba, y si le falta el
respeto al final, despreciando Su honor en el saludo ¿corresponde
que haga lo que le pedimos?.
Si uno menosprecia este momento de saludar en la despedida,
está demostrando que estuvo frente a Él solo por obligación,
o porque necesitaba pedirle algo, pero ahora que acabó,
ya no le interesa Su presencia, y por eso no practica el
saludo como es digno.
En el Talmud se enseñó: “El que ora debe dar tres pasos
hacia atrás, y luego saludar –manifestar Shalom-. Si no
hace así, es mejor no haber rezado”. (Iomá 53b)
Se aprende de la plegaria, la tremenda importancia del saludo
al retirarse. Por lo tanto, nada mejor que habituarse a
ello en todo momento y lugar. Una práctica de este tipo,
nos conducirá a la obtención de los buenos modales, y la
valorización del honor de nuestro prójimo. De esta manera,
estaremos en el camino apropiado para lograr lo enunciado:
Para ser una buena persona, amada aquí abajo en la tierra
y arriba en el Cielo, es necesario incorporar los buenos
modales a nuestro régimen de vida cotidiano (ver Tana Dbei
Eliahu Raba)
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