Cuando alguien
se dispone a crear o fabricar algo, lo primero que hace
es imaginar el aspecto de lo que desea elaborar. Tras ello,
se aboca de lleno a realizar todo tipo de cálculos numéricos.
Pues la obtención de estos valores consistirá en el medio
que le permitirá proyectar la idea pensada.
Por ejemplo, si decide construir una casa, concebirá en
su mente un esquema preliminar general de la futura edificación
y elaborará un bosquejo básico.
A posteriori, para que este bosquejo pueda convertirse en
el plano oficial de la obra, calculará con la mayor precisión,
todas las medidas y dimensiones que tendrá la futura vivienda,
y lo mismo con los compartimentos interiores.
Asimismo, deberá prever de antemano, la ubicación, el largo
y espesor de los caños y tuberías de electricidad, agua
y gas, que pasarán por el interior de las paredes y el techo.
Pues no sea que acaba la pared y el cielorraso, con el revoque
grueso y fino incluido y luego necesita romper todo para
insertar los caños.
Además, será imprescindible que decida de antemano a que
distancia se ubicarán en el techo los portalámparas. Pues
para darles alimentación eléctrica, los mismos deben contar
con una conexión a los conductores que transportan la energía.
Y si no decide antes de realizar la obra donde se ubicarán
los hoyos para tal fin, tendrá que romper la loza después
de acabada.
En síntesis, antes de comenzar la obra, deberá contar con
los parámetros -números- exactos de lo que desea construir,
y también de cada una de las secciones. Recién entonces,
cuando disponga de esta información, elaborará el plano,
el cual le servirá de base para cristalizar físicamente
su proyecto que ideó.
Esta manera de proceder, necesaria para concretar materialmente
una idea, es la utilizada por todas las personas que desean
construir lo que idearon. Pero también el Eterno empleó
este mismo sistema para crear el universo. Pues primero
elaboró el plano, en el cual colocó todos los parámetros,
y luego, sobre la base del mismo, creó todo lo existente.
El plano elaborado por el Eterno para realizar la creación
es la “Torá”. En el mismo constan todos los valores numéricos
utilizados en la creación, y también los pormenores y reglas
que deben cumplirse para que la misma pueda existir y mantenerse.
(ver Tana Dbei Eliahu 31: 17 – Talmud Jaguigá perek 2)
Lectura del plano
Para leer o interpretar el plano del universo, se procede
exactamente igual a como se lo hace con el plano de una
casa.
Por ejemplo, si alguien solicita al propietario de en una
vivienda el plano de la misma, se observará que aparece
en éste, la fachada, y los datos más generales de los distintos
compartimentos. Es decir, las dimensiones de cada uno de
ellos, más la ubicación de las puertas, ventanas y demás
estructuras. Pero si desea saber pormenores de las habitaciones
o la posición y distribución de las cañerías, deberá consultar
otros planos específicos, los cuales se encuentran en el
interior de la carpeta que contiene los planos de la morada.
Estos planos que portan los detalles y pormenores, explican
y desglosan el plano general.
Esto mismo acontece con el plano del universo, la Torá.
La misma muestra los detalles generales, y para saber pormenores
mas finos, se debe consultar la explicación de la misma,
o sea, el Talmud y demás libros explicatorios.
La creación
Ya sabemos que la Torá es el plano del universo. Por lo
tanto, pasaremos ahora a analizar algunos detalles, que
nos permitan comprender cómo el universo fue creado de acuerdo
al plano.
Para ello acudimos nuevamente a nuestro ejemplo de la casa.
Sabemos muy bien que para realizarla, se necesitan los planos,
y también los materiales requeridos. Una vez que se dispone
de éstos, es posible comenzar a edificar, de acuerdo a las
indicaciones del plano.
Esto que dijimos es para construir una vivienda, para lo
cual se acude a un corralón, y allí se adquieren los materiales,
pero ¿de donde salieron los materiales con los que se construyó
el universo y en qué consistían?.
Para saber este dato, nos situamos en el versículo: “Estas
son las descendencias de los cielos y la tierra cuando fueron
creados -behibaram-” (Génesis 2: 4 )
Esta palabra, “behibarham” que significa “cuando fueron
creados”, nos revela además del sentido llano de la expresión,
cómo exactamente fueron creados los cielos y la tierra.
¿Por qué decimos esto?.
Porque si prestamos atención, comprobaremos que se trata
de una palabra compuesta de tres partes “Be Hi barham”.
Esto significa: “con la (letra) Hei los creó”. (Bereshit
Rabá 12: 2)
Veamos esto gráficamente:
Sabemos ahora,
que todo lo que hay el universo y todo lo que hay en el
interior del mismo, fue creado por el Eterno con la letra
“Hei”.
Pero aun preguntamos ¿cómo es posible hacer una cosa así,
a partir de una letra crear todo el universo?.
En realidad es sumamente difícil explicar como algo netamente
espiritual (la letra “Hei” emitida por el Eterno) pasa a
ser un ente “material” y da origen al universo. Sin embargo,
si tomamos la letra Hei ya “materializada”, tal como la
conocemos, conseguiremos alcanzar una idea bastante aproximada
del asunto.
Para ello averiguaremos cuáles son los componentes básicos
que contienen los cuerpos físicos y analizaremos el comportamiento
de los mismos. Luego, apreciaremos como es posible crearlos
con la letra Hei.
Los componentes
En cada cuerpo físico, existen cuatro elementos básicos
que no pueden faltar y ellos son: agua, tierra, aire y fuego.
Para comprobar este enunciado, podemos probar de quitar
a través de algún experimento, uno de esos cuatro componentes
básicos, digamos el agua. Si hacemos eso, el cuerpo dejará
de ser inmediatamente.
Veámoslo en la práctica:
Situémonos en el proceso de elaboración de los objetos de
cerámica o porcelana. Para realizarlos, se coge primeramente
arcilla o una especie de tierra llamada caolín, se le agrega
agua, se revuelve y amasa bien hasta que quede una masa
consistente. Luego se le da la forma que se desea, y se
introduce la pieza lograda a un horno que calentará el objeto
a unos 900 grados. Finalmente, cuando se haya acabado el
proceso de horneado, se retira de allí la pieza.
Al contemplar el trabajo acabado, nos da la sensación como
que todo el agua se evaporó, no quedando en el interior
del mismo ni una sola gota. Sin embargo, realizando experimentos
avanzados, comprobaremos que lo que se ha evaporado, es
solo el agua que se hallaba en estado líquido, aunque, aun
permanece en toda la masa de este objeto la presencia de
agua en estado químico. Esta agua actúa como agente de unión
entre las partículas sólidas, no permitiendo que se separen.
Pues si retiramos de alguna manera esa agua en estado químico,
la pieza se desarmaría por completo, quedando convertida
en un montón de polvo.
Desde otro ángulo
Dejemos ahora el agua como está, y probemos de quitar otro
de los componentes básicos, por ejemplo el aire. Para ello
compactamos la pieza, aplicándole una fuerza que venza su
resistencia. Tras esta prueba, veremos que el objeto quedó
de un tamaño más reducido. Pero más que eso no se puede
achicar, debido a que la fuerza que le aplicamos es limitada,
y no logra compactar más a este cuerpo.
Sin embargo si buscamos un compactador más eficaz, lograremos
achicar aun más el objeto. Luego conseguimos otro más poderoso,
y el objeto quedará más chico. De este modo, podemos reducir
un gigantesco buque mercante a un minúsculo punto. Y lo
mismo es posible hacer con el universo entero. Esto es,
porque las moléculas que componen todos los cuerpos materiales,
tienen entre ellas espacios llenos de aire, y en el interior
de las mismas, también hay espacios, llamados intermoleculares,
en los cuales hay solo aire. Quitamos el aire, y las partes
sólidas se aproximarán entre sí, por lo que finalmente llegaríamos
a obtener la reducción del universo a un minúsculo punto.
Ese punto fue el primer elemento material que existió, (ver
Maimónides Iesodei HaTorá 3: 10, Ramba’n en Génesis 1: 1,
y Talmud Jaguigá 12ª, ediciones Shutenshtein, nota de pie
32). Este punto, que contenía los cuatro componentes básicos
de todo lo material, fue creado con la letra “Hei”.
La creación a partir de la letra
“Hei”
Ya sabemos que todo lo material fue creado con la letra
“Hei”. Por lo tanto, pasaremos ahora a responder la pregunta
que teníamos pendiente ¿cómo es posible crear el origen
de lo material -el punto antes mencionado- a partir de una
letra espiritual, como lo es la “Hei”?
Está escrito en el Talmud (Menajot 29b): El universo fue
creado a través de la letra hebrea “He’i”.
Esta letra es muda, similar a la “h” española, por lo tanto,
se trata del carácter más fácil de pronunciar, ya que solo
con exhalar un poco de aire lo habremos logrado. Esto, en
contraposición a todas las demás letras, cuya pronunciación
requiere la articulación de diferentes órganos, entre ellos,
la lengua, los músculos del paladar, la acción de los labios.
Esto enseña, que similar a la facilidad con que es pronunciada
la letra “h”, de esa misma manera El Eterno creó el universo.
Solo que suena un tanto enigmática la teoría expuesta, y
cuesta hallarle una explicación racional. Pues a nadie se
le ocurriría pensar en la posibilidad de que a través de
pronunciar una letra, se pueda crear una mesa, un árbol
de manzanas, un edificio, máquinas de cortar fiambre, y
seres humanos. Quizá no podamos imaginar como por medio
de la vocalización de un simple carácter es posible realizar
toda la creación que está frente a nuestros ojos. Pero para
El Eterno esto fue factible, y para comprenderlo, brindaremos
una ilustración, en la cual utilizaremos términos y ejemplos
que pueden ser captados por la mente y el raciocinio humanos.
El ejemplo
Probemos de exhalar con fuerza frente a un espejo u otro
vidrio. Apreciaremos como el aliento que sale de nuestra
boca empaña la superficie vidriosa, tras lo cual comienzan
a formarse paulatinamente pequeñas gotas de agua. Esto nos
permite elevar a nivel consciente la idea concreta de que
es totalmente posible y viable crear agua a partir del aire
(que es el efecto resultante generado al pronunciar la letra
“h”).
Ahora que comprendimos como es posible extraer agua del
aire, veremos como es factible obtener fuego del agua. Tal
fenómeno se consigue tomando un recipiente de vidrio puro,
al cual le introducimos una medida considerable de agua.
Luego situamos el recipiente frente a los rayos del sol,
rodeando a su vez al objeto con unos trozos de lino. Al
cabo de un tiempo observaremos que se originan chispas,
las cuales terminan por encender el lino. De esta manera
comprendemos cómo extraer fuego del agua. Solo que para
que este experimento funcione, debemos realizarlo en la
época más calurosa del verano boreal, el mes hebreo de Tamuz.
(Este proceso es citado por los sabios del Talmud y la Mishná
en el tratado de Beitzá, cap. 3)
Nos resta explicar como generar de lo obtenido tierra. Esto
lo lograremos calentando agua en una olla, a la cual le
aplicamos una alta temperatura. Tras algunas horas, cuando
el agua se haya consumido, contemplaremos que en el fondo
se han originado elementos sólidos, duros como la piedra,
producto del efecto que el fuego ejerció sobre el agua.
(Explicación de Rab Saadia Gaón a Sefer Haietzirá 1: 11)
Hemos visto una ilustración que nos muestra, como es posible
crear con la letra “h” (que es solo una exhalación de aire
proveniente de nuestros pulmones) los cuatro elementos básicos
que componen toda la materia que hay en el universo.
Asimismo pudimos apreciar, que la letra “Hei” contiene en
su interior, todos los elementos que forman los cuerpos
físicos existentes en el universo.
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