La
imágen que se muestra en el encabezado de este artículo
es elocuente. Contemplándola con detención
se advertirá un detalle trascendental que conducirá
a la obtención de una conclusión única
y elemental. Se habrá logrado encontrar el sentido
que tiene cada acto realizado en nuestra vida, se comprenderá
el valor y la trascendencia de cada momento que transcurre.
El
artículo que sigue explica en mayores detalles el
concepto aludido
Beneficios
de la Generosidad
Esta
semana se lee en todo el mundo la sección de la Torá
denominada “Observa” -Ree-. En el comienzo de
la misma encontramos una declaración trascendental:
"Observa, Yo doy delante de ti el día de hoy,
la bendición y la maldición. La bendición,
si escucharen los preceptos de El Eterno, vuestro Di-s,
a los cuales yo ordeno a vosotros el día de hoy.
Y la maldición, en caso de que no escucharen los
preceptos de El Eterno, vuestro Di-s, y se apartaren del
camino que yo ordeno a vosotros el día de hoy, yendo
detrás de otros dioses que no conocisteis".
(Deuteronomio 11: 26)
Este
verbo con el que comienza el versículo “Observa”,
está en singular. Eso significa que a través
del mismo Moshé ordena a cada uno en particular observar
donde está parado, sí del lado de Di-s, o
en el extremo opuesto. (Baal Haturim).
CONJETURA
Esta
deducción alcanzada nos permitirá comprender
acertadamente lo que dijeron nuestros sabios en el Talmud
(tratado de Kedushim 40):
Siempre
debe la persona verse a sí mismo como si estuviera
en equilibrio. Es decir, tiene mitad de actos buenos y mitad
no buenos. Ante tal circunstancia, si realiza un solo acto
bueno, dichoso de él, pues desequilibra la balanza
hacia el lado del bien. Pero si comete una infracción,
el resultado será muy distinto, ya que la inclinará
hacia el lado opuesto.
Rabí
Elazar, el hijo de Rabí Shimon dijo: "Al ser
que el mundo es juzgado según la mayoría,
si el individuo concibe un acto bueno, dichoso de él,
pues inclina el platillo de la balanza que mide sus propios
actos, y también, el platillo de la balanza de todo
el mundo hacia el lado bueno. Aunque si comete un acto merecedor
de sanción acontecerá a la inversa"
Esta
es la razón por la cual la Torá dijo a cada
uno en particular "Observa". Significa, esfuérzate
en observar en cada uno de los actos que te dispones a realizar,
que "Yo doy delante de ti el día de hoy, la
bendición y la maldición".
Dependerá
de cómo actúes para saber cual será
el resultado en ti y en el mundo entero, sí habrá
bendición o maldición. (Maianá shel
Torá en nombre de Torat Moshé.)
ENSEÑANZA
La
cognición alcanzada estimula a no despreciar ni la
más mínima oportunidad que se presenta para
llevar a cabo una buena acción.
Si
uno ve a un anciano o un niño, que se dispone a cruzar
la calle, pero se siente inseguro, no se debe aguardar a
que mire hacia aquí y hacia allí y nos requiera
ayuda. Será un gesto enorme de nuestra parte adelantarse
y pedirle que nos deje cruzar con él. Se trata de
uno de los niveles más alto en la acción de
dar, hacerlo antes de que el necesitado lo requiera.
Este
gesto tiene relación directa con la máxima
expresión de bondad, ligada al atributo de El Eterno
-HaRajaman- utilizado al hacer el bien al universo.
Del
mismo modo, si uno advierte que alguien se acerca con intenciones
de solicitar una dádiva, no es lo más correcto
aguardar a que nos plantee cual es su problema y nos suplique
que le ayudemos con lo que podamos. Si uno dispone de dinero
en ese momento, y está dispuesto a dar a un necesitado
en caso de que lo solicite, adelantémonos y no dejemos
que se humille ante nosotros, démosle antes de que
nos pida.
Así
ha de reaccionarse con cada incidencia que acontezca en
nuestras vidas, por más pequeña que parezca.
Siempre tenemos que obrar de manera generosa y amable, sin
aguardar a que el otro se acerque y nos suplique.
Actuar
como se dijo, consiste en una manera inmejorable de desarrollar
la cualidad de generosidad ideal. En uno está hacer
su parte, y el Todopoderoso hará la Suya, contemplando
nuestro trabajo virtuoso, y suministrando en su momento
la debida recompensa, en mérito de actuar con las
manos y el corazón abiertos hacia nuestros hermanos.
PARADIGMAS
En
el Talmud se citan sucesos milagrosos que acontecieron,
seguidos de una obra de bien sencilla, plasmada por alguno
de los habitantes del lugar.
Ciudades
donde había epidemias, incendios que se propagaban
sin poder ser controlados, plagas de langostas, y muchas
otras aflicciones que aquejaban a la población se
revirtieron por esa pequeña buena acción de
uno de los vecinos.
El
tratado de Taanit (21b), relata que había una gran
epidemia que alcanzaba gran parte de la república
de Zura, mientras que en el barrio donde vivía el
gran erudito Rab, los pobladores no habían sido afectados.
En
un primer momento pensaron que se debía al mérito
del gran sabio. Sin embargo, a través de un sueño
les revelaron que el milagro que acontece no es por él.
Sino por aquel vecino que presta generosamente el pico y
la pala.
En
Drukart sucedió algo similar, se generó un
enorme incendio que se propagó por toda la ciudad,
pero el barrio de Rab Huna no fue alcanzado por el fuego.
Pensaron que era por su mérito, pero les revelaron
a través de un sueño que es por una señora
que en la víspera de Shabat calienta el horno para
que vengan las demás vecinas necesitadas a hornear
sus panes. A ello se debió que esa zona no fue afectada.
Uno
desconoce cuál será la magnitud que alcanzará
la buena acción que se dispone a realizar, tanto
en el plano individual, como en el global. Pues tomando
en cuenta lo antes dicho, no solo uno saldrá beneficiado,
sino también todo el mundo.
UN
DATO RELACIONADO
Es
necesario saber además, que el instinto malo es poderoso
y fuerte. Pretende alejarnos con todas sus fuerzas de los
actos buenos que ambicionamos realizar, y en ocasiones llega
a impedir que concretemos lo que teníamos planeado.
Por tal razón, es necesario tener presente algo que
también dijeron nuestros sabios en el Talmud, precisamente
en tratado de Kidushim 40ª. Allí enseñaron,
que si uno pensó en hacer algo bueno, e hizo todo
el esfuerzo, pero no logró llevarlo a la práctica
por algún percance que le aconteció, en ese
caso se le computa como que ha realizado la buena acción.
Y a la inversa, si pensó en hacer un acto malo, pero
se contuvo y no lo realizó, tratándose solo
de un pensamiento que no llevó a la práctica,
en ese caso, Di-s no contabiliza ese pensamiento como una
trasgresión.
La
regla respecto a este tema es "El pensamiento por algo
bueno, Di-s lo asocia a la acción, (lo computa como
realizado), mientras que un pensamiento por algo malo, Di-s
no lo asocia a la acción".
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