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Gestación y nacimiento de un ser humano

La sección semanal –parashá- que leemos esta semana, llamada Tazría, refiere a la situación previa al embarazo, el parto, y el proceso de post-parto. Este es el enunciado con el cual se da comienzo a la cita: "Una mujer cuando fecundare (ovule), y diere a luz un varón..". (Levítico 12: 2)

Los sabios analizaron este tema y dilucidaron grandes enseñanzas:

1Rabí Aja preguntó: -¿Por qué está escrito “una mujer cuando fecundare (ovule), y diere a luz”, por qué no dice: "una mujer que engendrare y diere a luz"?.

2Rabí Iosei respondió: -Aprendemos de la declaración del versículo, que si ella fecunda antes que su marido, entonces le nacerá un varón. Y si él lo hace primero, en ese caso la madre dará a luz una nena.

Rabí Aja le preguntó: -Según lo que dices, el sexo del hijo depende de la acción de los padres. Sin embargo, hemos estudiado exactamente lo opuesto (Tanjuma Pecudei 3): "el Todopoderoso decreta sobre 'la emanación esa', que es el resultado de la unión entre el hombre y la mujer, si será macho o hembra". Siendo así, ¿cómo tú dices que el sexo depende de la acción del padre y la madre, y no es un decreto del Creador?.

SE RESPONDE

Rabí Iosei respondió: -Lo que sucede es, que el Todopoderoso ciertamente discierne en el “la emanación esa" cual de los padres fecundó primero, a pesar que la misma está formada por el producto de ambos que se ha fusionado completamente. Esta razón –la fusión de las partes-, hace que el ángel se vea imposibilitado de reconocer su origen, y traiga el producto al Creador, para que distinga la procedencia y decrete el sexo.

En ese momento el Todopoderoso sentencia si será varón o mujer, más todos los parámetros que tendrá este ser humano que se ha gestado. Determina si será obeso o delgado, esbelto o petiso, inteligente o torpe, fuerte o débil.

Luego Di-s solicita al ángel que se dirija al depósito donde se encuentran las almas que han sido preparadas para descender al mundo. Ese depósito se llama "Guf". En él, se hallan todas las almas, investidas en lo que es llamada, la "imagen" que tendrá cuando baje al mundo. Esta imagen tiene la misma forma y rasgos que tendrá la persona cuando nazca, y el material de su composición, es un intermedio entre el alma espiritual, y el cuerpo material.

El Creador ordena al ángel que traiga al alma elegida, con su vestimenta, (que es la "imagen" antes descripta). Para que no se equivoque, y reconozca fehacientemente al alma solicitada, le entrega todos los detalles y rasgos de la misma.

El alma es localizada por el ángel y traída frente a Di-s. Se para frente a El, y le ordena cual será su función que deberá cumplir en el mundo. Tras esas instrucciones, el Todopoderoso le hace juramentar que en su descenso a la tierra, se ocupará del estudio y la profundización de la Torá más el cumplimiento de los preceptos.

SE PROSIGUE ANALIZANDO

Rabí Aja quedó plenamente satisfecho por la respuesta, y formuló otra pregunta concerniente al tema: "¿Por qué el versículo dice 'una mujer cuando fecundare y diere a luz un varón'?. ¿Acaso queda preñada y lo pare inmediatamente?. ¿Por qué el versículo no habla nada de los meses de embarazo?".

Rabí Iosei respondió: -Lo que sucede es, que desde el día de quedar preñada hasta que se produzca el parto, la mujer habla todo el tiempo de su hijo, repitiendo sin cesar: '¿Será varón el bebé que llevo en mi vientre?'. Por lo tanto, desde ese día en que quedó preñada, en el pensamiento de ella y en su boca, ya ha nacido un varón.

La respuesta deleitó a Rabí Aja, y fue el punto de partida para proseguir platicando sobre el tema. Ya que a continuación ingresaron más sabios, y continuaron con este asunto.

Los eruditos retomaron el tema del alma cuando se retira de delante del Creador, tras juramentarle que en su descenso a la tierra se ocupará de la Torá y los preceptos. Preguntaron que sucede después de eso.

Ellos mismos explicaron, que antes de ingresar al cuerpo que le será asignado, el ángel la lleva a pasear por el Jardín del Eden que hay en la tierra. Allí, contempla el honor de los sabios, y la enorme recompensa que ellos reciben, por el buen cometido que tuvieron en su descenso al mundo. Luego, el ángel la lleva al Gueinom (Infierno) y allí aprecia las penumbras de los que en su estadía en la tierra, infringieron la Torá del Todopoderoso.

En ambos lugares, el alma escucha y recoge muchos testimonios, los cuales en su totalidad le recomiendan seguir el camino de la Torá y los preceptos, cuando se invista en un cuerpo.

El mentado alma, investida en la "imágen" que presenta los rasgos del futuro ser humano que encarnará, luego del paseo, ingresa al vientre de la madre, para permanecer junto al cuerpo del bebé hasta el día del nacimiento.

ESTUDIANDO

3Durante el proceso de embarazo, el bebé estudia Torá, mientras una luminaria, que es el alma, permanece alumbrando sobre su cabeza. En su estadía en el vientre, puede ver desde un extremo al otro del mundo sin ningún impedimento, ya que no hay obstáculos para él, por causa que está limpio de todo pecado.

Al llegar el momento de nacer, el ángel le informa que ha llegado la hora de salir a la luz del mundo. La criatura se rehúsa terminantemente a abandonar su morada, donde se encuentra plenamente a gusto. En ese momento, el ángel oscurece la luz que le alumbraba, y golpea al bebé, obligándolo a salir. El pequeño, a causa del golpe, no recordará nada del estudio que adquirió durante los nueve meses.

4Los primeros siete días después de haber nacido, el alma, no puede ascender al Cielo y conectarse con la "Fuente Espiritual", para obtener el alimento necesario. El motivo es, porque durante ese lapso estará abocada a ingresar al cuerpo del bebé, y buscar en él, un lugar apropiado para radicarse. Por esta razón, la madre estará impura durante siete días, tal como lo declara el versículo: (Levítico 12: 2): "estará impura siete días".

Al octavo día, el chico es circuncidado, comenzando en ese momento, a realizar el proceso de depuración en este mundo.

Tras la circuncisión, la madre deberá permanecer otros treinta y tres días impura. Esto se debe a que el proceso de unión y enlace entre el alma y el cuerpo, demanda treinta días. Pero como los tres días posteriores a la circuncisión, los dolores del bebé impiden esta acción, por eso se requieren treinta y tres días para lograr esta completitud. Esta es la razón por la cual el versículo declara: (Levítico 12: 4): "Treinta y tres días permanecerá purificándose".

Cumplido el lapso estipulado, la madre traerá una ofrenda al Santuario, y será pura. En tanto, su hijo estará completo para iniciar su misión en este mundo. Si este ser humano se condujere acorde a la Torá y los preceptos, el Todopoderoso lo complacerá, y le dará lo que pida. Pero si se aparta del camino, en ese caso, el Creador, similar a un padre cuando su hijo se porta mal, le castigará para que corrija su conducta, y enderece su andar.

UNA COMPARACION

2Un ejemplo claro de lo expuesto, será exhibido en este suceso que se narrará a continuación: Rabí Jía y Rabí Iosei iban por el camino. En un tramo del mismo, se toparon con un hombre, cuyo rostro estaba lleno de llagas. El individuo se hallaba parado debajo de un árbol. Los dos sabios centraron sus miradas en él, y advirtieron que su rostro, se encuentra totalmente enrojecido, a causa del flagelo que lo aquejaba.

Rabí Jia se acercó y preguntó al hombre: "¿quién eres?".

El sujeto respondió: "Soy un judío".

Rabí Iosei dijo a Rabí Jía: "Ese hombre es un pecador. Pues si no fuere así, su cara no estaría llena de esas terribles llagas. Ese flagelo, no es un castigo por amor. Pues los 'isurim' (flagelos) por amor, son enviados a la persona por el Todopoderoso, para poder incrementarle el pago, encubiertos, de manera que no sean vistos por terceros. El motivo es, para que no sea profanado el nombre de Di-s y digan: ¡Así acontece al que hace Su voluntad!. En cambio los 'isurim' que sobrevienen por los pecados e iniquidades, son a la vista, para que el rebelde se avergüence, y arrepienta de su perversa conducta, siendo de esta forma perdonado".

Rabí Jía consintió y proclamó: "Seguro que es como dices".

El sabio (Rabí Jía) prosiguió explicando: "En la sección de la Torá llamada Tazría, está escrito (Levítico 13: 2-3): El hombre que tenga en la piel de su carne, seet, o sapajat, o baeret (son nombres de afecciones), será en la piel de su carne por llaga tzaraat (ese nombre recibirán). La traerá (a la llaga) a Aharón el Kohen (oficiante), o a uno de sus hijos Kohanim. Verá el Kohen la llaga en la piel de la carne, y si un pelo en la llaga se volvió blanco, y el aspecto de la llaga es más profundo que la piel de su carne, es una llaga de tzaraat. Lo verá el Kohen, y lo declarará impuro".

En el texto, son nombradas tres clases de afecciones, y todas son llamadas "tzaraat", tal como lo declara el mismo versículo al final. ¿Cuál es el significado de este concepto?.

Significa que está encubierta de la vista de todos, y ningún hombre las ve, ni siquiera él mismo que la padece (solo siente el dolor que se manifiesta en uno de sus miembros interiores). En ese caso, está escrito: "La traerá a Aharón el Kohen, o a uno de sus hijos Kohanim"

Lo que está escrito a continuación "Verá el Kohen la llaga en la piel de la carne", se refiere a una llaga que es posible verla por cualquier persona, (si se la muestra, pues se encuentra en zonas que son cubiertas por las ropas).

En estos dos casos, es posible decir que esta clase de "tzaraat", son flagelos del Todopoderoso, por amor, pues no son vistos por los demás. Pero lo que consta a continuación:  "Lo verá el Kohen, y lo declarará impuro". Se trata de aflicciones en zonas que no son tapadas por la ropa, y en ese caso, seguro que no son flagelos por amor, y provienen del lado de la impureza".

Dijo Rabí Iosei a Rabí Jía: "¿De dónde se sabe que las aflicciones por amor están ocultas de las personas?."

El mismo Rabí Iosei explicó: "Lo sabemos de lo declarado por el versículo (Proverbios 27: 5): Es bueno un reproche revelado. Pero el que es por amor, es oculto". Analizando el texto, deducimos: ¿Encima que le reprocha, lo hace en forma revelada, frente a los demás?. Esa es una señal que no es por amor, pues lo avergüenza delante de otros. De todos modos, es algo bueno, ya que finalmente el infractor recapacitará, y su falta resultará expiada. Pero cuando el reproche es por amor, se lo hace en forma oculta, o sea, en privado, para no humillar al individuo".

El erudito prosiguió: "Similar a este caso de un individuo que reprocha a otro, El Eterno actúa con las personas. Primeramente con amor, propinándole dolores internos en su cuerpo, que solo el afectado siente. En caso de que este hombre reflexione y comprenda por que causa le sobreviene tal dolencia, podrá arrepentirse por lo hecho, en ese caso es perdonado. De no suceder así, el Todopoderoso, flagela su cuerpo en forma visible, pero en zonas que se encuentran debajo de la ropa. Si este hombre a través de esto, se arrepiente y corrige su andar, será perdonado. Hasta aquí son flagelos por amor

En caso de que este sujeto prosiga con su rebeldía, el Creador lo flagela directamente con dolencias que no son por amor, sino a causa del pecado. Esta vez, será afectado directamente el rostro del impío, delante de todos, para que la gente se fije en él, sepa que es un pecador, y comprenda que no es de los amados por Di-s".

El individuo que estaba parado debajo del árbol, y tenía su rostro plagado de llagas, había escuchado a los eruditos sin interrumpirles. Pero tras estas últimas palabras, estalló de furia, y se quejó por la dureza de ellos ante él. Les dijo: "¿Juntos vinieron para humillarme y hacerme sufrir?. Seguro que son ustedes de aquellos sabios que se sientan en la academia de estudios de Rabí Shimón bar Iojai, los cuales no tienen miedo de nada, (es como decir: 'hacen lo que les viene en gana').".

El sujeto prosiguió su descarga: "Si vinieren mis hijos, os enfrentarían, y reprocharían por haberme humillado y tratado de pecador. ¿Cómo es posible que hayan hablado abierta y públicamente, sin ningún tipo de reparo, y no pensaron que pueden venir mis hijos y reprocharles por esa actitud?".

Los sabios le respondieron: "La Torá debe decirse abiertamente. En el lugar donde hay tumulto de personas, allí se deben pronunciar las palabras de la Torá. En los sitios donde las personas entran y salen, en cada poblado y ciudad, allí deben declararse abiertamente las enseñanzas de la Torá, a la vista de todos. ¿Acaso por las palabras de la Torá vamos a temer de ti?. Eso sería una vergüenza delante del Todopoderoso. Ya que mostraríamos mayor temor por un simple ser humano, que ante el Creador del universo, Quien nos dijo que enseñemos la Torá".

Los eruditos agregaron: "Además, la Torá requiere transparencia. Esto significa, que la persona debe pensar interiormente lo mismo que expresa por fuera, a través de sus palabras y actos. No debe el individuo decir a su prójimo '¡Qué inteligente eres!', y por dentro piensa: '¡Es un hipócrita!'.  La persona debe ser sincera, genuina y auténtica. Necesita el individuo hablar sus asuntos en forma abierta y clara".

El hombre flagelado por las llagas se dio cuenta de la certeza de las palabras de los sabios, quienes tuvieron la capacidad de ver de antemano, que este sujeto no escuchará términos amables, al estar convencido que actuó correctamente en su vida. Por eso debieron utilizar terminología severa, para de este modo, poder penetrar en su corazón, y hacerle ver la realidad.

El individuo, gracias a las palabras de los eruditos, recapacitó y reconoció su falta. De inmediato pronunció los trece atributos de misericordia escritos en el libro de la Torá (Éxodo 34: 6-7): "Pasó Di-s frente a su rostro (de Moshé), y proclamó: ¡Di-s, Di-s!. ¡Di-s piadoso y misericordioso, lento para la ira, y de inmensa  bondad y verdad. Mantiene la bondad por dos mil generaciones, perdonando iniquidad, trasgresión y pecado ...! "

RESULTADO

El hombre, conmovido, luego de pronunciar esta alabanza, comenzó a confesar: "¡He pecado, he transgredido...!". Luego alzó sus brazos al cielo y lloró. Se arrepintió totalmente por su mala conducta.

Entretanto, sus hijos llegaron, y cuando el más pequeño vio a su padre llorando, comprendió que los sabios lo habían afligido por causa de los visibles flagelos de su rostro.

El más pequeño se acercó y comenzó a decir: "Mi padre ha recibido ayuda del Cielo en este sitio, pues con certeza se ha percatado aquí por su pecado de no haber reprochado a los pobladores de la ciudad. Ahora, seguro que se arrepentirá por ello, y será sanado".

El muchacho, luego de esta aseveración, comenzó a explicar un versículo del libro Kohelet (el Predicador) (7: 15): "Existe el justo que se pierde en su justicia, y el malvado que prolonga su maldad".

La explicación de la sentencia "Existe el justo que se pierde en su justicia" es, que cuando hay muchos pecadores en el mundo, y el dictamen que recaerá sobre la población es, por el efecto de los pecados de ellos, entonces el justo resulta flagelado, si es que no les reprocha. Tal como aconteció a mi padre, quien fue flagelado por no reprochar a la gente de la ciudad. Ya que todos eran atrevidos e insolentes frente a él, y él no les recriminó, ni les advirtió nada, porque jamás quiso avergonzarlos. Además, nos reprochaba a nosotros, para que no riñamos con esos malvados, y nos citaba lo que está escrito en el libro de los Salmos: (37: 1): "No te entrometas con los malvados".

El chico prosiguió: "Mi padre, pensaba que está cumpliendo un precepto a partir de este versículo. Por eso el texto declara "Existe el justo que se pierde en su justicia". Es decir, en lo que él cree que es justicia, cuando en verdad, la realidad no es esa. La explicación del versículo "No te entremezcles con los malvados" es, "No seas como ellos", es decir, "No te entremezcles con los actos de los malvados, para copiarlos".

 

El padre del joven consintió plenamente con las palabras de su hijo y dijo a los sabios: "Seguro que Di-s me castigó por eso, pues tuve la posibilidad de reprocharles a los malvados de mi ciudad, y no lo hice, no en manera pública, ni en privado".

La fuerza que tienen las palabras habladas, es muy grande, tal como lo vimos en este caso, por eso, el hijo de este hombre, siguió explicado referente a este tema:

El hombre es llamado "espíritu parlante", tal como traduce el erudito Onkelus en el Pentateuco, quien atribuye el término que mencionamos a las palabras "alma viviente". El versículo completo es, (Bereshit 2: 7): "Creó Di-s al hombre, del polvo de la tierra, e insufló en sus narices espíritu de vida, y fue el hombre un alma viviente".

Esto no quiere decir - prosiguió el chico - que la diferencia con los otros seres sea la capacidad de hablar, ya que todas las especies se comunican entre ellos. La sentencia se refiere a que el alma del individuo tiene la posibilidad de ascender y hablar delante del Todopoderoso, ingresando a todos los compartimentos del "Palacio Divino", sin que nadie se lo impida.

Es ese el motivo por el cual la Torá advierte: (Salmos 34: 14): "Cuida tu lengua de hablar mal". Además, consta en el libro de los Proverbios (21: 23): "Quien cuida su boca y su lengua, protege de aflicciones a su alma".

La primera parte del versículo "Quien cuida su boca y su lengua" es, porque si sus labios y lengua hablan palabras malas, las mismas ascienden a las alturas celestiales. En el momento de ellas subir, todos en el Cielo pregonan: "¡Apártense del entorno de la mala palabra de fulano!. -y dicen- ¡Hagan lugar, para que pasen, porque esas palabras van camino a la serpiente malvada (la misma que tentó a Javá, la esposa de Adam, a pecar y comer del fruto del árbol prohibido)!. ¡Dejen pasar a esa palabra, pues al lado de la serpiente es el lugar del 'lashón hará' (términos inicuos)!.

En el instante de producirse esto, el nivel más alto del alma, llamado "neshamá", y del cual no todos gozan el mérito de tener, se aparta de la persona, ingresando en su reemplazo, un espíritu de impureza. Y desde ese momento, su alma ya no podrá atravesar todos los compartimentos del "Palacio Divino", y volver a hablar delante del Creador como antes.

Lo expuesto es a lo que se refiere el versículo: (Salmos 39: 3): "Enmudecí con silencio, callé de pronunciar el bien, también cuando el dolor me conturbó".

El alma de aquel que profirió palabras obscenas, asciende con vergüenza y apremio a todos lados, ya que todos la afligen, y no le dan lugar como antes, para subir libremente. Es acerca de este suceso, lo expresado por el versículo antes citado del libro de los Proverbios: "Quien cuida su boca y su lengua, protege de aflicciones a su alma".

Aquella alma, que otrora hablaba libremente delante del Todopoderoso, va enmudeciendo, por causa de esa mala palabra pronunciada. En ese momento, la serpiente antigua se aparece para tomar esa palabra, por razón que todo regresa a su lugar. Y la mala palabra, debe retornar al lugar malo, al lado de la serpiente, pues allí es su sitio.

En el momento en que la mala palabra sube, a través de los caminos que conducen al sitio mencionado, en el instante de llegar, se posa delante de la serpiente. Entonces, simultáneamente en el mundo se despiertan muchos malos espíritus, y uno que se encuentra al lado de la serpiente desciende, y se posa sobre el individuo que profirió la mala palabra. Ingresa a él, tomando el lugar que había dejado el alma santa, y lo impurifica. Es entonces, cuando la persona se torna "metzorá" (afectado por las llagas mencionadas en nuestra parashá).

El muchacho prosiguió- Asimismo, de igual manera a como es penalizada la persona por hablar algo que tenía prohibido,  del mismo modo acontece con aquel que podía haber dicho algo bueno y no lo hizo. Por ejemplo, si viniere a él la posibilidad de alegrar y fortalecer el espíritu de su compañero a través de buenas palabras, y se abstuvo de hacerlo, en ese caso será penalizado por ello. El motivo es, porque dañó el "espíritu parlante" de él, el cual fue creado para hablar y obtener logros abajo (en la tierra) y arriba (en el Cielo).

El joven agregó- Si la persona advierte que los hijos de Israel toman un camino torcido, y puede hablar con ellos y reprocharles, pero se abstiene de hacerlo, sobre este individuo fue dicho (Salmos 39: 3): "Enmudecí con silencio", esto se debe a que "callé de pronunciar el bien, también cuando el dolor me conturbó".

La última parte del versículo "también cuando el dolor me conturbó", es como decir: "se produjo un oscurecimiento en la carne, por las llagas impuras".

5Este Salmo que hemos citado, fue dicho por el rey David, quien también fue flagelado por llagas impuras, luego de tropezar con el habla, pues pidió a Di-s que lo pruebe. El Todopoderoso lo hizo, y David cayó en la tentación, ya que vio a Bat Sheva, la esposa de Uria Hajití, y la mandó a traer. El rey David, luego de esto, oró y pidió perdón al Creador, pero aun así, debió soportar la afección por espacio de seis meses. Luego de ese lapso su cuerpo sanó.

Rabí Jía y Rabí Iosei bajaron de sus burros, y besaron al chico por las palabras de Torá que pronunció, mas el amor que demostró por el estudio. Montaron nuevamente, y prosiguieron el camino en compañía de él.

El mensaje que nos deja esta parashá, y los sucesos que hemos contemplado, nos dan una clara pauta de la importancia que debemos dar al cuidado de nuestro "espíritu parlante", que se expresa a través del habla, y nos diferencia de todos los demás seres vivientes. Es nuestro deber cuidarlo, y mantenerlo puro y santo. De esa manera, ninguna llaga impura se manifestará sobre nuestros cuerpos, y podremos vivir felices y seguros.

Shabat Shalom

R. David ben Israel

Fuentes

1 - Tratado talmúdico de Nidá 31ª -Zohar parashá Tazría

2 - Zohar parashá Terumá 161ª - Zohar parashat Tazría 43 a 46 - Explicaciones de Ramak y Ariza"l.

3 - Nidá 30b - Iabetz

4 - Zohar parashá Tazría 43ª

5 - Talmud sanedrín 107ª

 

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