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El
proceso del embarazo
Una
mujer que desea engendrar un hijo, primeramente se purifica
y después se unirá a su marido. Entonces se
asociará un óvulo por ella producido a un
espermatozoide emitido por su marido. A través de
ello comenzará a gestarse su hijo.
Antes
bien, después de purificarse y gestar al embrión,
la madre deberá esperar que sucedan numerosos milagros
con el fruto de su vientre hasta que se produzca el nacimiento.
Considérese que un ser humano que
fuere sumergido en agua caliente durante un día,
su vida correrá peligro. Y el feto permanece en el
vientre de su madre nueve meses, y el Santo, Bendito Sea
lo preserva. E incluso cuando el individuo estuviere en
las aguas caldeadas de una bañera durante un día,
¿acaso no se afligirá por ello? Y la criatura
permanece en medio de las aguas de la placenta durante nueve
meses sin manifestar sufrimiento. Pues el Santo, Bendito
Sea hace por él milagros. A esto se refirió
Job cuando dijo: “Tomaré mi saber desde lejos,
y atribuiré justicia a mi Creador (Job 36:3).
Este versículo fue pronunciado por
Job después de observar tres extrañezas en
el mundo que le parecían contradictorias: un ser
humano que fuere poseedor de un espíritu cognitivo
y a su vez un espíritu materialista; una madre que
engendrare un varón siendo ella mujer; una embarcación
que flotare en medio del mar, permaneciendo parte en el
agua y parte sobre la misma. Y estos tres asuntos los indicó
en el versículo: “Tomaré mi saber”
se refiere al espíritu cognitivo del ser humano;
“desde lejos”, se refiere a las embarcaciones;
“y atribuiré justicia a mi Creador”,
se refiere a la creación del sexo masculino y femenino.
Por eso fue dicho: “Cuando una mujer conciba...”.
Rabí Meir enseñó: el
Santo, Bendito Sea realiza un acto milagroso con el nacimiento
del bebé. Pues antes de que esto sucediere, la madre
fluía sangre; después del parto, la sangre
asciende a los pechos y se convierte en leche para que la
criatura se nutra.
Rabí Ahaba bar Kahana enseñó:
el Santo, Bendito Sea hace milagros con el nacimiento del
bebé. Considerad que una bota llena de vino, cuya
boca se encuentra hacia abajo, lo que hay en su interior
se derramará indefectiblemente. Pero la madre posee
su “bota” hacia abajo, y el Santo, Bendito Sea
preserva al feto en su interior. Además, el animal
se desplaza siempre inclinado y su cría se encuentra
echada en su vientre. Esto es así en todo momento,
cuando la madre marcha, al detenerse o si se echa en el
suelo. Pero un ser humano camina erguido, y el feto se encuentra
en su vientre y soporta todas las posiciones que adopta
la madre. Siendo así, cuando la madre marcha, su
vientre se encuentra en posición vertical, y el feto
es como si estuviera suspendido en el aire, corriendo el
peligro de caerse, pero el Santo, Bendito Sea lo cuida y
nada malo le ocurre. Por eso fue dicho: “Cuando una
mujer conciba...”. Enseña que el Santo, Bendito
Sea cuida su embarazo desde el momento mismo de la concepción
(Midrash Tanjuma Tazría 3).
El fantástico nacimiento
de un niño
Después
de todos estos milagros el bebé nace. Y aquí
acontecen nuevos milagros. Pues todo el tiempo que el feto
permanece en el vientre de su madre, su boca está
cerrada y su ombligo abierto. Se alimenta de lo que su madre
come y bebe de lo que su madre bebe. Y no evacua el vientre
para no poner en peligro la vida de su madre. Cuando sale
al aire del mundo, inmediatamente se abre lo que estaba
cerrado y se cierra lo que estaba abierto. Y si no aconteciere
así, no podría sobrevivir siquiera un instante.
El nacimiento
de un ser humano es un verdadero milagro.
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