SOBRE
LA IDOLATRÍA, SU DOCTRINA Y MÉTODO La evolución de la
fe monoteista
En
tiempos de Enosh la humanidad cometió un grave error
y la inteligencia de los sabios de aquella generación
se volvió ignorancia, e incluso el propio Enosh fue
uno de los equivocados. Este fue su error: ellos pensaron
que por cuanto que Dios creó a las estrellas y a
las órbitas para conducir el mundo físico,
las ubicó en el cielo y les rindió honor -
siendo ellos servidores que tienen por función servir
delante del Creador- es apropiado alabarlos, ensalzarlos
y rendirles también honor. También supusieron
que ciertamente es esta la voluntad de Dios, engrandecer
y honrar a aquellos que Él engrandeció y honró,
así como el rey quiere honrar a los siervos que están
presentes frente a él y este es sin duda el honor
del propio rey.
Por cuanto que ellos pensaron
de tal modo, comenzaron a construir templos para los astros
y a presentar sacrificios delante de ellos, los alabaron
y los ensalzaron con hermosas palabras además de
prosternarse frente a ellos, y- todo lo hicieron con intención
de alcanzar la simpatía del Creador a través
de sus confundidas opiniones. Este fue el principio y el
fundamento de la idolatría, y así sostenían
sus servidores que conocían su principio: no que
no existía Dios sino un astro. Así declaró
Jeremías: "¿Quién no Te temerá,
Rey de los pueblos? Porque a Ti te reverencian, no existe
entre los sabios de los pueblos ni entre sus reinados nada
como Tú, todos son torpes e insensatos a la vez.
Un reproche de vanidad es el ídolo de madera"
(10:7-8) Es decir, todos sabían que Tú eres
único, pero su error y su torpeza fue pensar que
honrar a esta vanidad es Tu voluntad.
Con el paso del tiempo, aparecieron
entre los pueblos profetas falsos los cuales comenzaron
a predicar que un dios les había mandado decir: "¡Hagan
culto a tal astro o a todos los astros y presenten sacrificios
delante de él!, ¡construyan un templo para
él y hagan una imagen suya para que todo el pueblo
pueda prosternarse, incluso mujeres y niños!"
Estos falsos profetas les mostraban alguna imagen que habían
inventado diciendo: "Esta es la imagen de este astro
que me fue comunicada por profecía". De esta
manera comenzaron a introducir imágenes en los templos
y a ponerlas bajo los árboles y sobre las cumbres
de las montañas y las colinas. Se reunían
y se postraban frente a ellas diciendo a todos: "Esta
imagen beneficia o perjudica, y por eso conviene rendirle
culto y tenerle miedo". Los sacerdotes de la idolatría
predicaban a todos que con este culto serían fecundos
y tendrían éxito, y que debían actuar
de tal modo y no de otro.
Luego se presentaron otro tipo
de embaucadores que afirmaban que el propio astro, o una
esfera o un ángel había hablado con ellos
y les había dicho: "¡Ríndanme culto
de tal o cual manera! y les informaban el sistema de su
culto: "¡Hagan de este modo y no de otro!".
Esto comenzó a extenderse por todo el mundo y se
masificó la adoración a las imágenes
y todo tipo de cultos diferentes entre sí, incluyendo
el ofrecimiento de sacrificios y las prosternaciones.
Con el paso del tiempo se olvidó
el magno Nombre divino y no hubo quien lo conociera sobre
la superficie de la tierra. Era frecuente que todos los
pueblos del mundo, incluso mujeres y niños, no reconocían
como divinidad sino a la imagen de madera o de piedra, y
no tenían como templo sino aquel lugar donde habían
sido educados desde infantes a arrodillarse, a rendir culto
y a jurar en su nombre. Los sabios que hubo entre ellos,
por ejemplo, los sacerdotes, llegaron a pensar que no hay
otra divinidad sino los astros y demás cuerpos celestes
de los cuales hicieron imágenes según sus
apariencias.
No obstante, al Creador del
mundo nadie lo conocía ni lo reconocía sino
algunos pocos individuos que había en el mundo, por
ejemplo Janoj, Metushelaj -Matusalen-, Nóaj -Noe-,
Shem -Sem- y Ever. Según las conductas anteriormente
mencionadas el mundo se desenvolvía hasta que nació
la columna del mundo: nuestro patriarca Abraham.
Cuando este vigoroso fue destetado
[a los tres años] comenzó a profundizar, siendo
pequeño, y pensaba de día y de noche maravillándose:
¿Cómo es posible que esta órbita gire
constantemente sin tener algo que la haga girar? ¿Quién
la hace girar?, por cuanto que es imposible que se mueva
a si misma... No tenía entonces ni maestro ni quien
le informara nada, sino que estaba inmerso en Ur de los
caldeos, entre necios idólatras; su padre y su madre
y todo el pueblo que lo rodeaba practicaban la idolatría,
y él la practicaba con ellos. Sin embargo profundizaba
y trataba de entender, hasta que encontró el camino
de la verdad y entendió la conducta de la justicia
a partir de su correcta comprensión. Entonces supo
que existe sólo un Dios y él es el que mueve
las órbitas, él lo ha creado todo, y no hay
entre todo lo que ha creado Dios fuera de Él mismo.
Entonces comprendió que todo el mundo estaba equivocado,
y comprendió cuál fue el motivo que causó
esta equivocación de idolatrar a las estrellas y
a las imágenes hasta perderse la verdad del pensamiento
humano.
Tenía entonces cuarenta
años cuando conoció Abraham a su Creador.
Cuando lo conoció, comenzó a cuestionar a
los habitantes de Ur de los caldeos y a discutir con ellos,
diciéndoles: "No es un sendero verídico
por el que ustedes transitan", quebró los ídolos
y comenzó a enseñar al pueblo que no es apropiado
servir sino al Dios del mundo y que a él corresponde
prosternarse y sacrificar y libar, para que lo reconozcan
todos las personas que vendrán en el futuro. Por
lo tanto es propio destruir y eliminar todas las imágenes
para que no se equivoque con ellas el mundo, como aquellos
que suponen que no existe Dios sino aquellas imágenes.
Por cuanto que Abraham los venció con sus argumentos,
quiso el rey (Nimrod) matarlo, sin embargo El Eterno le
hizo un milagro y se escapó a Jarán.
Y comenzó a incorporarse
y a proclamar a viva voz a todo el mundo para enseñarles
que no existe sino un Dios en todo el universo, y a Él
es propio adorar. Solía viajar y proclamar y reunir
a la gente de una ciudad a otra y de un estado a otro, hasta
que llegó a la tierra de Canaán, donde también
proclamó este mensaje, como se declara: "Y proclamó
allí en nombre de El Eterno" (Génesis
21:33). Y por cuanto que la gente se reunía donde
él y le preguntaban sobre lo que decía, le
informaba a cada uno según su nivel de comprensión
hasta hacerlo volver al camino de la verdad, hasta que se
unieron a él miles y cientos de miles, y ellos son
las personas que componen la casa de Abraham.
Enseñó a todos
ellos este gran principio, escribió libros sobre
el mismo y le comunicó el mensaje a Isaac, su hijo.
Así también Isaac enseñaba y hacía
volver a las gentes al camino de la verdad, y él
le enseñó a Jacob y lo designó como
maestro, y toda su vida se dedicó a enseñar
a todos aquellos que lo acompañaron. Nuestro patriarca
Jacob enseñó a todos sus hijos, separando
a Leví, a quien designó como maestro y lo
hizo director de la Ieshivá para que enseñe
el camino de El Eterno y guarde los preceptos de Abraham.
Y ordenó a sus hijos que jamás se interrumpa
de los hijos de Leví, maestro tras maestro, para
que no se olvidase el estudio. Y este mensaje se extendía
entre los hijos de Jacob y entre todos aquellos que los
acompañaban, y así se fundó en el mundo
una nación que conoce a El Eterno.
Este artículo es gentileza
del www.clubhebreodellibro.com
Si te
apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer
un libro que seguro te fascinará: Numerologíay Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.
En el
mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y
las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.