En algún lugar del mundo,
donde el calor, la humedad, el sol resplandeciente se hacen
presentes.. En pleno 5769, donde la cultura cerrada y las
precauciones de seguridad son excesivas. Llegaba una judía
a una nueva ciudad. Por más que intentaba acercarse
a la comunidad para hacer amigas judías, ir a las
clases de danza con ellas, ir a las cartas con ellas….
No era posible; al llegar a la tienda Kosher apenas si las
más ancianas la saludaban con alegría.
No tenía crédito en la tienda,
ni cartas responsivas.
No tenia conocidos muy allegados al lugar
de reuniones, así que saludaba cordialmente y se
retiraba educadamente.
Se acercaba Pesaj y con anticipación había
limpiado la casa, regalado galletas a sus amigos no judíos,
revisado el vinagre, limpiado la alacena, buscando migajas.
Se esperaba una celebración sencilla, sin invitados;
sólo ella y el matrimonio judío que la vigilaba
y le revisaban todos los pasos para llegar a cumplir satisfactoriamente
los requisitos para ser “una buena mujer judía”.
Cumpliendo las normas, cuidando las fiestas. El maestro,
quien parecía olvidado de las cosas; siempre veía
la hora en la que la joven se acordaba de ir por el pan,
todo lo tomaba en cuenta.
En esta ocasión se descubrieron las migajas del fondo
de su escritorio.
Con tiempo, compró sus 2 cajas de Matza para la fiesta,
Contaba con su bandeja especial para el Seder y sus pequeños
platitos que lo acompañaban.
Si bien es cierto, no eran aquellas bandejas de plata que
venden en las tiendas judías, ni las más exquisitas
porcelanas revisadas por los estrictos rabinos, (como es
usual) eran las que tenía y se esforzaba por cuidar
y alistar para celebrar la fiesta.
Unos pocos días antes de que comenzaran las fiestas
(para el 15 de Nisan, tal vez). Llegó a comprar unas
verduras amargas y alguna que otra cosa que le faltaba en
su despensa cuando Sale el dueño de la tienda a Saludar
a unas señoras que a simple vista, se veía
que eran de una buena posición, las más pudientes
del pueblo tal vez…
Y les dice: ¡Hey! Mira lo que he traído de
Israel, Estas Matza (Saca una enorme caja azúl con
unas Matza Redondas tan grandes)
- ¡Que caja tan bonita! (pensaba la
joven)
- El dueño de la tienda, al ver que la joven se había
sorprendido exclama:
- ¡Sólo son para la venta de los amigos! Sólo
traje unas cuantas.
La joven, entiende el mensaje y tan solo
sale de la tienda pensando en esas Matza tan grandes y redondas
y en esa caja que se veían tan bonitas.
Ella pensaba: Hazme, este año no
estuvieron a mi alcance esa Matza, acepta humildemente las
que he comprado con anticipación.
Ya que tenía muy claro, que no hay
que tener reparo económico para la Cena de Shabat
ni para las fiestas; así que por muy limitada, el
Altisimo siempre hace milagros para llevarlos acabo de una
manera especial.
Con gusto preparó el Jarotset.. mmm!! De las cosas
deliciosas de la fiesta.
Saboreaba las cuatro copas de vino que se tenía que
tomar. (Todo sea por cumplir el precepto y sonreía,
porque no gustaba del alcohol).
Llega el gran día y comienza a poner
la mesa, se estrena mantel, la mesa resplandeciente lleno
de esa limpieza externa e interna que todos buscamos. Una
verdadera preparación de nuestra alma.
Sin falta y muy presente, reservaba el lugar
de Eliahu Hanavi, nuestro invitado de Honor.
Puntual, llegan la pareja, los maestros;
con reloj en mano y los ojos puestos en la mesa.
Se comienza en Kidush, se sirve la cena
con una breve plática y se abre la puerta para que
pase Eliahu Hanavi.
Y tomamos nuestra cuarta copa de vino siempre
reclinados sobre la izquierda.
Escuchamos el Relato de la Hagada.
Se disfrutó de la Matza y se tomó
como el último de los alimentos de la noche.
Se sintió esa gran Paz y Plenitud interior.
Se salieron los invitados y ya sola después
de una velada maravillosa se recitó la Shemá
para descansar tranquilamente..
Pasaron los días de la fiesta, disfrutando
la Matza.
Sin desear nada leudado.
Matzá como pan de pizza, como pasta
de lasaña…. ¡Verdadero deleite!
Pasaron los días de la fiesta y al faltar unos pocos
minutos para el término del Pesaj.
Ese momento solemne de disfrutar nuestro libro de historias
judías de algún rabino, tomar café
con leche y esperar para comer nuestro pan. Cualquier tipo
de pan.
Dar gracias al Altisimo por habernos permitido cumplir y
celebrar. Tal vez un emparedado, una pizza de aceitunas
y saborear… saborear el “pequeño sacrificio”
que habíamos realizado recordando a nuestros antepasados,
en la Salida de Egipto.
DESPUÉS DE PESAJ
Se
llega el primer Shabbat después del Pesaj y en la
tienda judía llena de panes, toda la comunidad comprando
postres, pan..!El que encuentre!.
Como
de costumbre, las familias conocidas (Contaban con sus apartados).
Ha una hora prudente sale la joven por sus jalots.
Llega
a la panadería y no encuentra pan… ¡vacío!
No había pan jalá. Anuncian que saldrá
el último de los hornos y que habrá pan para
todos. Pues había más personas esperando y
a pesar de que parecía tener existencia, todos eran
apartados.
En
cuanto sale el pan… ¡ cómo juego de fut
bol Americano!! Toda la gente se amontona a la charola,
el panadero casi se cae.
Toda
la gente se alborota, grita y se arrebata el pan jalá.
En
medio del tumulto y aventones la joven tan solo alcanza
UN pan Jalá. Pregunta insistente si tendrá
tan solo uno más. Pues le falta uno para cumplir
con la Mitzva.
Seria
y fuertemente el panadero contesta un NO ROTUNDO.
Sus
ojos comienzan a ponerse rojos, la espera, ir a buscar el
pan de un lado a otro, ¡la pelea! ¡gran pelea!
Por el pan.. y ahora.. No tenía pan Jalá para
cumplir con la Shabat después de la larga espera.
Triste,
dentro de la tienda, ve a un chofer de alguna de familia
en la misma situación que ella… ¡Un solo
pan!
-
Con desilusión, empujada, triste le hace entrega
de su pan. “Tome, para que cumpla con la Mitzva, para
que tenga los dos panes que son requeridos”.
Y
sale de la tienda llorando sin consuelo.. ¡llora y
llora! Tal vez los empujones, no iba a poder hacer Shabat
y era algo con lo que ella tanto añoraba.
-
Nada la consolaba.
-
No había más pan Kosher disponible ese día.
Al
pasar un rato y platicando su experiencia, le hacen recordar
que a pesar de que ella no cumplirá con el Shabat,
dio su pan para que otros cumplieran como es debido.
Esta
historia nos hace reflexionar en que no debemos ser tan
cerrados al vender, debemos recordar que todos somos iguales
ante el Altisimo.
Y
mirar alrededor de nosotros, cuando vayamos a las tiendas,
abrirnos dentro de la comunidad, ocuparnos de que los demás
cumplan con los preseptos, invitarlos a cenar y a cumplir
y preparnos entre todos para la llegada del Mesías.
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