Siempre
es importante estar fortaleciendo nuestra fe máxime
cuando tenemos muestras evidentes que nuestro amor por el
Eterno se desborda en nuestras vidas. Deseo compartir con
ustedes una preciosa experiencia que me sucedió unos
meses atrás.
Requería de un talit nuevo ya que el que tenía
además de ser asaz pequeño, ya el tiempo dejaba
sus inclementes huellas en él, de manera que era
urgente para mi, adquirir uno nuevo. Me dirigí a
la única judaica que hay en el país y pude
ver que había varios diseños a muy distintos
precios. Como siempre sucede, el que más me atrajo
fue el de mayor precio, un precio bastante elevado por cierto.
Mi esposa y yo en ese momento debatíamos acerca del
costo del mismo y que en honor a la verdad no teníamos
el dinero en ese momento para poder comprarlo, empero teníamos
la posibilidad de poder comprarlo con la tarjeta de crédito,
pero igualmente, cuando llegase el cobro de la misma, tampoco
íbamos a tener como pagarlo. La verdad discurrimos
y concluimos que uno tiene que ser lanzado y acordándonos
de las palabras contenidas en Josué 1:9 decidimos
comprarlo, “Leshem Shamayim”con la confianza
puesta en el Eterno que nos iba a proveer de los medios
para poder pagarlo.
Mi alegría fue grande cuando a la mañana siguiente
me presenté al Eterno en Shajarit con tan estupendo
atuendo, la verdad era más de lo que podía
esperar, era precioso; estaba contento, mi gozo era grande,
a tal extremo que me sentí distinto, renovado, me
imagino que alguna vez les ha sucedido que se sienten distintos
cuando estrenan ropa, pues así me sentí ese
día. Me sentí gozoso, contento, feliz de presentarme
ante el Eterno con traje nuevo, con nuevas alas para elevarme
en los rezos. Así me mantuve por muchos días
consecutivos. Terminaba mis rezos y con todo el cariño
y el cuidado y recaudo posibles, procedía a doblarlo,
siempre con el extremo cuidado que los dobleces coincidieran
con los originales, con suma ternura tomaba los tsitsit
y los colocaba en su lugar, finalmente lo guardaba en su
funda, que si bien es cierto era de plástico, igualmente
lo ponía a buen recaudo como si fuese una funda de
la más preciosa tela con ribetes y dibujos hechos
con los más finos hilos de oro.
Pues bien, así transcurrieron los días y se
iba acercando la hora de pagarlo… Una tarde de esas,
recibo una llamada de mi esposa, por su tono de voz la sentí
bastante agitada y a la vez asaz sorprendida. “Acabo
de recibir una llamada del Banco donde me decían
que tenían tiempo de andar buscándome porque
tengo una suma de dinero en dólares que tienen que
devolverme y me urgen que me presente en cualquiera de sus
oficinas a hacer efectivo dicha devolución”,
me dijo. Yo me quedé tremendamente sorprendido y
solo acaté a decirle: “¿Pero dinero
de qué?”, a lo cual ella me respondió:
“Me dijo la muchacha que es un remanente de la póliza
que nos quedó de la casa que habíamos vendido
hace más de un año” … La verdad
no supe que responder, solo se me ocurrió decirle,
“Pues andá lo más rápido que
podás”
Al día siguiente mi esposa se presentó al
Banco con su cédula de identidad como le habían
dicho. Me confesó que la fila que tuvo que hacer
en la ventanilla del Banco le fue eterna y que como todo
ser humano débil ante las cosas de Di-s, en algún
momento dudó que fuese cierto y lo único a
lo que atinaba era a la pena a la cual eventualmente podría
enfrentarse, cuando le dijeran en la ventanilla que no,
que todo había sido un error y que no había
nada para ella ya que lo normal como todos sabemos es que
los bancos lo llamen a uno para COBRARLE pero difícilmente
que lo anden buscando por todos lados para DEVOLVERLE!!!!.
De esa manera y con esos pensamientos, se fue acercando
y cuando le correspondió su turno, sin problema alguno,
entregó su identificación y la chica de la
ventanilla de preguntó: “¿Señora
cómo desea el dinero en moneda nacional o en dólares?”…
Minutos después me estaba llamando y contándome
que le habían dado casi MIL DOLARES!!!!!!!...
La verdad mis estimados amigos, este dinero salió
de la nada, todavía hoy a casi un año de lo
sucedido, no sabemos a ciencia cierta el objeto de dicha
devolución ni a qué obedeció, máxime
en tratándose de dineros de remanente de una transacción
que se había llevado a cabo a más de un año,
pero la verdad así son las cosas del Eterno, no hay
que buscarles explicación, nuestras mentes no alcanzan
Sus pensamientos ni Sus actos y lo único que tenemos
que hacer es agradecer y agradecer no más.
Con ese dinero, como se imaginarán, pudimos pagar
el talit y todavía nos quedó un saldo para
comprar algunos libros del Meam Loez que me hacían
falta, otra kipá y no recuerdo que otras cosas más.
La moraleja de todo esto es, que confiemos siempre en Di-s,
que si uno hace la cosas “Leshem Shamaim” como
lo hicimos nosotros, el Eterno toma muy en cuenta esto,
se apiada de nosotros y en Su infinita misericordia a pesar
de nuestros infinitos pecados, se compadece y se derrama
en amor con nosotros.
Quería compartir con ustedes esta experiencia como
una forma más de dar gracias al Eterno y esperando
que esta experiencia que hemos vivido, les sea de utilidad
para que no teman, que sean valientes y se lancen siempre
al vacío en las cosas del Eterno, que de seguro El
los estará esperando. Saludos desde Costa Rica
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