En
estos momentos acabamos de pasar los días de Janucá,
donde gracias a Iehudith, una mujer, y su valor eliminar
al rey, pudieron los jashmonaím al imperio de Grecia
vencer.
Esto ocurrió en el mes de Kislev donde gracias al
aceite de oliva, puro, hallado, se pudo encender la Menoráh
con santidad, en el Templo Sagrado.
En ese período los griegos nos quisieron eliminar,
anulando el cumplimiento de Rosh jodesh, Shabat y el Brit
Milá.
Todo como objetivo tenía nuestro exterminio espiritual,
pero con la ayuda de Hashem del enemigo griego nos pudimos
salvar.
Los fuertes griegos fueron entregados con velocidad a los
pocos jashmonaim que levantaron así nuestra vida
espiritual.
Todo empezó con una mujer, Iehudith, quien fue tenaz
y muy fuerte en su bitajón en Hashem y en su emuná.
Más adelante se acerca en el mes de Adar , Purim,
donde el objetivo directo de Hamann, el malvado, era exterminar
a todos los yehudim. Sin embargo con la ayuda de otra mujer
virtuosa también, fuimos salvados con la intervención
de quien fue elegida reina, Esther.
Y más adelante en la fiesta de Pesaj festejamos la
salida de Egipto en el mes de nisán. Y fue gracias
al mérito de las mujeres, en especial de Batiá
que a Moshé logró salvar, que de Egipto Hashem
nos sacó y llegó la gueulá y “en
mérito de todas las mujeres justas es que el Mashiaj
pronto vendrá”.
Y Hashem nos sacó de Egipto para darnos su Torá
en el mes de Siván y sólo aceptó de
garantes a los niños para que en Jag Hashabuot la
pudiera entregar. Y Hashem quiso que la Torá sea
enseñada antes que al hombre, primero a la mujer,
por eso el versículo hebreo así lo dice “
Kó tomar le Beit Yaacob, vatagued libnei Israel”.
Entonces pensemos si es acaso verdad esto de que “la
Torá es machista”, cuando gracias a ellas hoy
en día estamos acá, en este exilio que parece
extendido, pero con la emuná y la paciencia volverá
nuestro pueblo a estar nuevamente unido.
Y todo esto lo podemos aplicar al título inicial,
para que por medio de la mujer que es “El Pilar del
Hogar”, logremos que sus buenas cualidades no hagan
de su casa una “cajita feliz”, sino un dulce
hogar, una “casita feliz”. Y sin prejuicios
sobre el machismo, ya que notamos cómo la mujer es
lo más elevado que tiene el judaísmo. Es por
eso que la cuida y le da su lugar que es diferente del hombre,
especialmente en su espiritualidad y en relación
con las mitzvot, que recibimos en la Torá, todo el
pueblo de Israel unido frente al Har Sinái.
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