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ABRE BIEN TU BOCA

Muchas veces a lo largo de nuestras vidas tenemos que detenernos un instante y reflexionar acerca de todas las vicisitudes, enemigos y tropiezos que hemos tenido y tenemos, tanto en nuestra guardia como en la retaguardia, y vemos, no con menos asombro, que muchas son las cosas que nos afligen y atormentan y que no necesariamente son de carne y hueso sino también de corte espiritual o mental. Me refiero a personas, y a los temores que llevamos dentro de nosotros como el miedo, la angustia, la desesperación, el suspiro, odio, etc.

Claramente el Tehilim 3 nos ilustra sabiamente al respecto cuando nos dice: “¡Oh Eterno! Cuán numerosos son mis enemigos, muchos son los que me atacan. Muchos son los que dicen de mi: “No tiene más salvación en Di-s” Cuando estamos en este nivel mental o espiritual todo lo que está a nuestro alrededor nos parece confabular contra nosotros, incluso, llegamos a pensar que Di-s nos ha abandonado y que no tenemos salvación. Sin embargo, no todo está perdido ya que acto seguido el mismo Tehilim, verso 4 nos dice: “Pero Tú, Oh Eterno, eres mi escudo alrededor de mi, mi gloria y Quien levanta mi cabeza.” Denotando una confianza absoluta en El y escudándose en el Santo y reconociendo con todo su ser que el Eterno es Quien solo puede levantarnos de cualquier sitio en que estemos y protegernos de nuestros enemigos.

¿Pero qué podemos hacer cuando estamos en situaciones de extremo peligro o sumidos en una depresión o en la más salvaje desesperación y soledad? El Eterno siempre nos ha dado una respuesta clara a ello, veamos: “ Yo soy Hashem, tu Elokim, que te hice ascender de la tierra de Mitzraim,; abre ampliamente tu boca (expresando todos tus deseos) y Yo los concederé” (Tehilim 81:11) Di-s todo lo conoce desde antes que sucedan todas las cosas que nos pasan, entonces, ¿Por qué tenemos que decirle lo que queremos si El lo sabe? Por una sencilla razón. El es nuestro padre y como tal siempre desea darnos lo mejor, de tal manera que pide también humildad y aceptación y confrontación de nuestra parte para con El, aceptando nuestras limitaciones como humanos que somos y reconociendo que sin El no somos capaces de dar un paso. De manera que El espera que le clamemos, que reconozcamos que la única fuente de solución de nuestros problemas es el camino directo que nos lleva directamente a El, a Su Torá y desde luego a las mitzvot. De tal manera que este acto nuestro deseado de soltarnos y abrir “ampliamente nuestras bocas”, no es dar un aburrido bostezo, sino abrir y rasgar nuestros corazones, abrir las puertas del alma y quedar expuestos, desarmados ante El, temblando de miedo, de pavor ante el Todopoderoso, pidiendo que por un instante desvíe Su atención de toda Su creación y la dirija a nosotros.

Este acto de “abrir nuestra boca” significa también reconocer abiertamente que sin El no somos nada, que necesitamos de Su ayuda y de Su atención para seguir adelante, que solos NO PODEMOS.

El Tehilim 3 nos dice también de manera diáfana lo que sucede en estos casos: “Mi voz clamará al Eterno y El me responderá desde el Monte de Su Santidad”

Entonces, habiéndonos despojado de nuestro orgullo y habiendo reconocido abiertamente que no podemos solos, ¿Qué es lo que tenemos que hacer? Sencillamente tener confianza y reposar: “Yo me acosté y me dormí; desperté porque el Eterno me sostiene” (Tehilim 3:6) “Por la noche uno se retira llorando, pero por la mañana surge la alegría” (Tehilim 30:6)

Finalmente, luego de pasar por todo este proceso de confrontación con nosotros mismos, de aceptación que sin la ayuda del Eterno no somos nada, le pedimos, le solicitamos a El que tome control de todo esto, que nos ayude a vencer nuestras dificultades y nos permita salir adelante. “¡Kumá Hashem hoshiéni Elohay! “Levántate El Eterno, Dios mío y sálvame! (Tehilim 3:8)

Este clamor y última petición que elevamos al Santo, nos encumbra para que de pie, ya no de rodillas ni con temor, sino con valentía, le pidamos al Ribonó Shel olam que se LEVANTE de su Santo Trono y luche por nosotros, que pelee nuestra batalla, que nos vea, que se digne mirarnos y se compadezca y nos saque avante de todos nuestros pesares porque “LHashem hai-shuá” La salvación es de El Eterno”!!!

Gabriel

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