Está
escrito: «Y la senda -oraj- de los justos es como
la luz de la aurora -noga-, que va en aumento hasta que
el día es completo» (Proverbios 4:18). ¿Por
qué se utilizó aquí la palabra «senda
-oraj-» y no «camino -derej-»? ¿Qué
diferencia hay entre los términos «senda -oraj-»
y «camino -derej-»? He aquí que esto
ya ha sido estudiado y establecido por los sabios, pero
ahora lo explicaremos de modo diferente. Y esta es la explicación
que daremos del asunto: «senda -oraj-», se refiere
a un pasaje que se abrió ahora, y se descubrió,
y se hizo en ese lugar un sendero, el cual no fue pisado
por los pies de los hombres antes de esto; en tanto que
«camino -derej-», se refiere a un pasaje que
ya estaba abierto desde antes, y personas pasaron por él,
como está dicho: «como pisa -dorej- en el lagar»
(Isaías 63:2). Es decir, un camino se denomina así,
derej, porque lo pisaron los pies de todos los que querían
marchar por él.
Y
por eso a las sendas de los justos se las denomina «oraj».
Y a esto se refiere lo que está escrito: «Y
la senda -oraj- de los justos es como la luz de la aurora,
que va en aumento hasta que el día es completo»
(Proverbios 4:18). Esto es así porque ellos fueron
los primeros en abrir ese lugar. Pues a través de
las palabras de Torá que pronunciaron, ese lugar
se renovó, considerándose como si ellos lo
hubieran abierto. Y esto no quiere decir que ellos abrieron
a todo ese lugar, sino que aunque sea que otros moradores
del mundo anduvieron por ese lugar, aun así, ahora
que los justos marchan por él, es considerado un
lugar nuevo. ¿Cuál es la razón? Porque
ese lugar ahora es considerado nuevo debido a que se renovó
con las palabras de Torá pronunciadas por los justos
que anduvieron por allí. Y se considera como si no
hubiera marchado por él jamás ninguna otra
persona. Pues los justos convierten en nuevo a todo ese
lugar por el que andan, con numerosas palabras supremas,
con las que El Santo, Bendito Sea, se complace. Pues a través
de las palabras de la Torá pronunciadas, se crea
allí un nuevo ángel, y una nueva imagen, que
no estaba allí antes de que los sabios pronunciaran
en ese lugar palabras de Torá, renovándose
así la santidad de ese sitio (II Zohar 215a, Midrash,
Mefarshim).
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