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El arte de compartir

"Cuando empobreciere tu hermano, y extendiere a ti su mano, lo ayudarás, tanto al forastero, como al residente, y vivirá contigo". (Levítico 25: 35)

1La citada declaración implica que no se debe dejar caer al prójimo, a tal punto que le sea difícil levantarse. Es menester ayudarle en el momento en que él tiende su mano.

Para comprender la gravitante relevancia que alcanza esta disposición asignada, citaremos una alegoría:

Un burro se hallaba en el camino circulando con la carga que estaba dispuesta sobre su lomo. De pronto, el animal tropieza inesperadamente con un obstáculo que se hallaba en su itinerario, tras lo cual comienza a desestabilizarse y tambalear.

Antes bien, si alguien estaba presente cuando el desafortunado desenlace tuvo lugar, en el momento de contemplar la escena, puede apresurarse y tratar de sostener al animal impidiendo su desplome. Luego acomodará la carga que tiene sobre su lomo y como resultado de ello, el burro se reincorporará al instante. Pero si este individuo que observa no se da prisa, y el cuadrúpedo cae, tampoco entre cinco lo podrán levantar.

2En otras palabras, no hay que aguardar hasta que nuestro prójimo caiga, a tal extremo que necesite ir a golpear a las puertas de las casas para pedir limosna. Es menester ayudarlo antes de que eso suceda.

UN EJEMPLO

Esto que hemos dicho se asemeja a un individuo que caminaba por la calle, la cual se encontraba en muy mal estado, y llena de barro, por causa de las precipitaciones caídas. De pronto, advierte que a unos metros, otro sujeto avanza entre el lodazal, pero comienza tambalear y perder el equilibrio.

Alguien que se hallaba más lejos, y por lo tanto imposibilitado de llegar a tiempo, le hace una señal al que avanzaba sin problemas, para que tienda una mano al que flaqueaba. De ese modo, ayudándolo a mantener el equilibrio, evitará que caiga al barro. Sin embargo, el sujeto que caminaba plácidamente le respondió sugiriéndole que se despreocupe del tema, pues si eso llega a suceder, él se encargará personalmente de levantarlo, y ayudarle.

Mientras el que se encontraba cerca intercambiaba estas palabras con el que se hallaba más lejos, el que estaba desestabilizándose cayó al suelo. En ese momento, desde su cabeza hasta sus pies se llenaron de barro, también su boca, sus ojos, su cuerpo y sus ropas, a tal punto que se tornó irreconocible.

REFLEXION

Es posible que el individuo en verdad haga lo que dijo y acuda en su ayuda, cumpliendo con su palabra. Existe la posibilidad de que, tal lo asegurado, vaya a socorrerlo y efectivamente consiga que se reincorpore nuevamente. También es factible, que se ocupe de lavar al hombre, y a las ropas que llevaba puestas, las cuales quedaron hechas un desastre. Pero con todo eso, no logrará recuperarlas siquiera a un tercio, de la situación de impecabilidad en la que se hallaban antes de sumergirse e impregnarse en el lodo. Además no podrá de ningún modo restaurar el disgusto que su prójimo debió soportar por la caída, y los golpes sufridos al desmoronarse su cuerpo contra el suelo.

En una situación de este tipo ¿qué mérito puede atribuírsele a aquel que socorrió al individuo luego del tropiezo, cuando bien podía haberlo evitado sin ningún tipo de impedimento, a través del solo hecho de tenderle una mano para que se apoye, y pueda mantener así la estabilidad?

Por el contrario, en vez de un acto de bien, le será considerado como una infamia, ya que al haberlo podido evitar, y no lo hizo, él mismo fue el causante de la caída de su prójimo. Por esta razón, el versículo declara: "Cuando empobreciere tu hermano, y extendiere a ti su mano, lo ayudarás, tanto al forastero, como al residente, y vivirá contigo".

MORALEJA

Queda claro, que al auxiliar al prójimo antes de que caiga totalmente, permitiendo que se restablezca, uno le está devolviendo la vida, por eso el versículo menciona: "y vivirá contigo". Es decir, tú le haz devuelto la vida, y le has impedido la muerte. Ya que aquel que empobrece, quedando sin dinero, es considerado como un ser inerte, sin vida.

La razón expuesta, es la que da origen al enunciado: "La caridad salva a la persona de la muerte". Esto es tanto para el que da, como pare el que recibe. Pues, aquel que salva a otro, él mismo será salvado por el Todopoderoso, "medida por medida". Resulta que ambos se benefician.

NUEVO PARADIGMA

A continuación, tendremos la ocasión de apreciar un caso patético que aclarará aun más lo recientemente enunciado.

3Rabí Jía y Rabi Iosef iban por el camino. En un tramo del mismo, se toparon con un monte. Allí divisaron dos hombres que igual que ellos, se desplazaban a pie. Entretanto, llegó al lugar un tercer individuo, que se dirigió a los otros dos y les suplicó: "Denme por favor un poco de pan para comer, pues ya van dos días que me encuentro perdido por el desierto y no he comido".
Uno de los sujetos, se hizo a un lado, extrajo las provisiones que había traído para el camino, y se las dio. El hombre que había llegado hambriento comió, bebió y pudo restablecer sus energías.

En tanto, el compañero del que fue generoso y dio al menesteroso, le dijo: "¿qué harás cuando necesites alimento, porque yo comeré lo mío, y no te voy a dar a ti?".

El otro le respondió: "¿acaso piensas, que en tu comida me baso para ir por el camino?".

SE PROSIGUE

Luego del citado intercambio de palabras entre los dos compañeros de viaje, el que había sido generoso con el pobre, se sentó a su lado, para hacerle compañía. Permaneció allí, junto a él, hasta que acabó de comer. A continuación, lo que sobró, también se lo entregó, para que disponga de víveres durante el resto del trayecto que aun debe transitar hasta llegar a la zona habitada. Seguidamente, el menesteroso se despidió y prosiguió se viaje.

En ese momento, Rabí Jía dijo a Rabí Iosei: "El Todopoderoso no quiso que este precepto sea realizado por nuestra vía. Posiblemente, porque algún decreto severo ha sido sentenciado en el cielo sobre este hombre, y el Todopoderoso le presentó esta oportunidad de hacer un grandioso acto de bien, para salvarlo a través del mismo".

Los hombres siguieron caminando, y también lo hicieron los eruditos detrás de ellos. En un tramo, el que había dado sus provisiones al mendigo, se sintió agotado, a causa del hambre.

Al contemplar la escena, su compañero le dijo: "¿Acaso no te advertí que no des de tu pan a otra persona?".

Al escuchar eso, Rabí Jía propuso a Rabí Iosei: "Nosotros tenemos alimento, démosle para que coma".

Rabí Iosei le respondió: ¿Tú pretendes quitar de él el mérito?.

Debe tenerse en cuenta que el mérito suyo se tornará más grande, si en un momento de sufrimiento y aflicción como el que atraviesa, no se arrepiente de la bondad realizada. Además, de este modo logrará salvarse de la sentencia que fue decretada sobre él en los cielos,

Merced a estos padecimientos que le sobrevienen luego de la inmensa obra de bien que realizó, se adjudicará el derecho de que el decreto que ha sido sentenciado sobre él, sea abolido, y pueda conservar su vida.

El sabio continuó con su reflexión: "Vayamos a ver, pues en el rostro de este hombre con seguridad se deben notar ya signos de muerte, lo que sería el inicio de la manifestación del decreto que recayó sobre él".
Entretanto, el individuo se sentó debajo de un árbol, y quedó profundamente dormido. Por su parte, el compañero se alejó de él, y tomó otro camino.

Rabí Iosei dijo a Rabí Jía: "Ahora posicionémonos para ver, pues seguramente el Todopoderoso quiere hacerle un milagro". Los sabios buscaron un sitio para pararse allí y aguardaron.

Breves instantes más tarde, una fiera salvaje se hace presente en el lugar. El feroz animal mostraba signos de un total enfurecimiento, y en ese estado, avanzó, hasta quedar junto al cuerpo de aquel que dormía.

Rabí Jía dijo a Rabí Iosei: "¡Pobre hombre, seguramente ahora morirá!".

Rabí Iosei le respondió: "Dichoso ese individuo, pues el Todopoderoso le hará un milagro".

EL DESENLACE

En ese preciso instante, bajó de un árbol una peligrosa serpiente que pretendía matar al sujeto. Pero la fiera salvaje se abalanzó sobre el reptil, acabando con su vida. Luego de esto, el feroz animal volteó su rostro y se fue.

Rabí Iosei dijo a Rabí Jía: "¿No te dije que el Todopoderoso quería hacerle un milagro, y no le quitemos a ese sujeto el mérito dándole de comer?".

En eso, el hombre despertó, se puso de pie, y continuó la marcha.

Los sabios, fueron tras él, lo llamaron, y le proveyeron alimentos y bebida. Cuando hubo acabado de saciar su hambre, le mostraron la serpiente, y el milagro que el Todopoderoso le había hecho.

Rabí Iosei dijo: "Dichosa la tzadaka –caridad- que salva de la muerte".

ENSEÑANZA DERIVADA

La fuerza de la caridad a través de dinero u otras utilidades, otorgada a una persona en momentos cumbres, es implacable. No obstante, debe tenerse en cuenta que también son necesarias para la persona otras cosas, además de los elementos mínimos que le permiten conservar la vida.

Por ejemplo, un individuo que no tiene un techo, o dinero para pagar sus gastos básicos, puede llegar a sentirse muy desanimado, pues son estos factores, determinantes en la vida de la persona. La "tzadeká", tiene poder suficiente, como para ayudar al individuo a superar esos momentos, y provocar que su situación se revierta.

UN CASO EJEMPLAR

4Rabí Iosei Aglili se había casado con su sobrina, la hija de su hermana. Ella, en vez de tratarlo bien, y de acuerdo a su status de erudito reconocido por los más grandes sabios, lo avergonzaba delante de sus alumnos. Ellos dijeron a su maestro: "Rabi: abandónala, pues no te respeta, ni se adecua a tu honor".

El erudito les respondió: "El importe que fue declarado en el documento de casamiento –ketuvá-, y que le tendría que abonar en caso de divorcio es muy alto. No está dentro de mis posibilidades pagar esa suma".

Los alumnos escucharon la respuesta, y comprendieron la situación de su maestro.

Un día, él (Rabí Iosei Aglili) tras la terminación del estudio en el "Beit Hamidrash" (salón donde se estudia), dijo a su amigo Rabí Elazar ben Azaria: "Rabi, subamos a mi casa a comer".

Rabí Elazar ben Azaria aceptó el convite. Ambos ingresaron a la vivienda, y de inmediato la mujer del anfitrión apareció en escena, mostrando un rostro de enojo, tras lo cual se retiró. Ella actuó como una mujer cruel, que prepara la comida a su marido, y en el momento de sentarse a la mesa para comer, lo recibe de mala manera.

Rabí Iosei Aglili observó aquella cacerola que se hallaba sobre el "kiraiim" (cocina de la época). Enseguida preguntó a su esposa: "¿Hay allí algo para comer?".

La señora respondió a su esposo: "Hay unas verduras hervidas".

El marido fue hasta donde se hallaba la cacerola, la destapó, y aparecieron frente a sus ojos, deliciosas presas de pollo.

Rabí Elazar ben Azaria comprendió enseguida la situación que se vive en la casa. No obstante se sentaron a comer, y al cabo de unos minutos, Rabí Elazar dijo a su amigo: "Rabi, ¿no dijo ella que había verduras en la olla. Sin embargo nosotros encontramos presas de pollo?".

Rabí Iosei Aglili le respondió: "Le ha sucedido a ella un milagro, y las verduras se convirtieron en presas de pollo". (Dijo esto para no avergonzar a su esposa).

Cuando hubieron culminado la comida, Rabí Elazar ben Azaria dijo a Rabí Iosei Aglili: "¡Abandona a esa mujer. Ella no se conduce contigo de manera respetuosa, ni te honra como mereces!".

Rabí Iosei Aglili le confesó: "El importe que fue declarado en el documento de casamiento –ketuvá-, y que le tendría que abonar en caso de divorcio es muy alto. No está dentro de mis posibilidades pagar esa suma".

Rabí Elazar ben Azaria, que era muy rico, le dijo: "Nosotros, tus alumnos, pagaremos a tu mujer la suma esa, y te divorcias de ella".

ALUMNO FIEL

Tal como lo manifestó Rabí Elazar ben Azaria, así aconteció. Abonaron la suma requerida, y el divorcio se llevó a cabo. Luego le presentaron a Rabí Iosei Aglili una mujer más buena, y se casó con ella.

La ex esposa de Rabí Iosei Aglili, por su parte, a causa de sus pecados, cayó en manos del guardián de la ciudad, con quien formalizó matrimonio. Los días pasaron, y el nuevo marido contrajo una enfermedad que terminó dejándolo completamente ciego.

El matrimonio, luego de esta desgracia, no tenía dinero para vivir, por eso, la mujer llevaba al marido por toda la ciudad, para pedir limosna, y así poder pagar los gastos de cada día. La señora lo conducía por todos los barrios de la ciudad, menos por el que vivía, Rabí Iosei Aglili. Se comportaba de esa manera, porque le daba vergüenza aparecer en ese estado humillante frente a su ex esposo.

El nuevo marido de la señora, antes de quedar ciego, había adquirido un conocimiento pleno de todas las calles, merced a su trabajo de guardián de la ciudad. Por eso, él se dio cuenta de la actitud de su esposa, y le preguntó: "¿por qué no me llevas al barrio donde vive Rabí Iosei Aglili. Ya que escuché que ayuda a la gente, y seguramente será generoso también con nosotros?".

La mujer le respondió: "Sucede que fue mi anterior marido, y no tengo coraje de estar frente a él, y ver su rostro".

TIEMPO MAS TARDE

Un día, se acercaron hasta la vecindad donde moraba Rabí Iosei Aglili, y el hombre comenzó a agredir a su esposa, a tal punto que los gritos de ellos se escuchaban a lo lejos. El ex marido de ella, que era Rabí Iosei Aglili, oyó las voces, y caminó en dirección de las mismas. Llegó hasta el lugar, y se detuvo frente al individuo, tras lo cual le dijo: "¿por qué la golpeas?".

El sujeto respondió: "Sucede que cada día ella me hace perder el dinero de esta calle en la que vives".

Tras haber escuchado, Rabí Iosei Aglili los ubicó en una de sus propiedades que tenía en otra vecindad, y les enviaba lo necesario para sus gastos todos los días. Hizo esto basado en lo que declara el versículo: "de tu carne (tus parientes) no te olvides (desentendiéndote de ellos)". (Isaías 58: 7)

NUEVO EJEMPLO

Otro caso similar, aconteció en la época de Rabí Tanjuma (por los años 200 de la era común). En ese entonces, hubo una gran sequía, y el pueblo necesitaba urgentemente lluvia.

Por esa razón, dijeron a Rabí Tanjuma: "Rabi: decreta ayuno público sobre la población para que descienda lluvia".

El erudito decretó ayuno público el día lunes. Luego hizo lo mismo el jueves, y volvió a decretar ayuno el lunes siguiente. Pero ni una gota de lluvia cayó.

Al contemplar la situación, el sabio ingresó al Beit Hamidrash (salón de estudios), y comenzó a disertar, mencionando palabras que despierten los corazones de la gente, para que se arrepientan de las faltas cometidas y se encarrilen por la buena senda.

Luego el Rabí dijo: "Todo el pueblo realice actos generosos con su prójimo, dando al otro lo que necesita. De esta manera, el Todopoderoso será generoso con vosotros, trayendo la lluvia".

Todos salieron a hacer lo que el Rabí solicitó, y mientras los pobladores estaban abocados a cumplir el mandato, uno de ellos se levantó, fue a su casa, tomó todo lo que tenía y salió para repartirlo.

En el camino, se topó con su ex mujer. Ella le dijo (hablándole en tercera persona): "Haz caridad con esta mujer, pues desde el día en que salió de tu casa, no ha visto el bien".

El individuo al verla con la ropa vieja y remendada, padeciendo una gran aflicción, fue invadido por un pensamiento de generosidad y le dio. Se basó en lo que está escrito "de tu carne (tus parientes) no te olvides (desentendiéndote de ellos)". Ya que esta señora había sido en el pasado pariente de él, cuando era su esposa.

UNA BLASEFEMIA

En el preciso momento en que este hombre hablaba con ella, y le daba dinero, fue avistado por un sujeto. Este pensó que el individuo divorciado está cometiendo una infracción severamente penalizada por el tribunal, ya que está prohibido realizar transacciones con la ex mujer, por ser que pueden llegar a tentarse, y cometer un pecado.

El sujeto que los vio, trajo testigos para que vean lo que acontece, y fue a ver a Rabí Tanjuma para contarle: "Rabi: Tú estás sentado aquí, ayunando, mientras el pecado se hace presente entre la gente".

El erudito le preguntó: "¿Qué has visto?".

El sujeto respondió: "He avistado a fulano, que hablaba con su ex mujer. Y no solo eso, sino que también le dio dinero".

Rabí Tanjuma solicitó traer al hombre. Para ello, fueron designados unos enviados, quienes lo trajeron e hicieron parar frente a los sabios y ancianos, responsables de verificar que el ayuno público se lleve a cabo de manera apropiada y santa. El objetivo es, para que el pueblo abandone los pecados, y sean quitados del medio los "estorbos" que impiden el descenso de la lluvia.

Rabí Tanjuma le dijo: "Hijo mío: ¿tú sabes que la tierra y los pobladores se hallan en medio de una gran aflicción, y pese a ello fuiste y hablaste con tu ex esposa?. Y no solo eso, ¿sino qué además le diste dinero sospechosamente?".

El acusado respondió: Rabi: ¿acaso un día no enseñaste respecto al versículo que declara: 'de tu carne (tus parientes) no te olvides (desentendiéndote de ellos)', qué se refiere a la ex mujer, a la cual el ex marido, si da dinero a ella, para poder pagar sus gastos existenciales, está cumpliendo un precepto?. Además, hoy mismo dijiste: 'Todo el pueblo realicen actos generosos con su prójimo, dando al otro lo que necesita. De esta manera, el Todopoderoso será generoso con vosotros, trayendo la lluvia'.

El hombre prosiguió su relato: Aconteció cuando yo salía para dar a los que necesitan, que me encontré con mi ex esposa, la cual me dijo: 'Haz caridad con esta mujer, pues desde el día en que salió de tu casa, no ha visto el bien'. Y yo, al verla con su vestido gastado y remendado, carente de todo, me apiadé de ella y le di, basándome en el versículo 'de tu carne (tus parientes) no te olvides (desentendiéndote de ellos)' (Isaías 58: 7)

En ese momento, Rabí Tanjuma alzó su rostro al cielo y dijo: "Amo del universo: este hombre que es de carne y huesos, cuando vio a su ex esposa, a la cual repudiaba, igualmente, se apiadó de ella y le dio, sin estar obligado por ninguna ley, solo por lo declarado por el versículo 'de tu carne (tus parientes) no te olvides (desentendiéndote de ellos)'. Tú, sobre quien está escrito que eres: 'Piadoso y Misericordioso' (Salmos 145: 8), y nosotros, que somos hijos de Tus hijos, Abraham, Itzjak y Yaakov, y el alimento nuestro está a Tu cargo, cuanto más que te apiadarás de nosotros, dándonos lluvia, pese a nuestros pecados".

RESULTADO

Inmediatamente, luego de estas palabras, comenzó a llover, la tierra revivió, y todos los pobladores contaron con el agua necesaria para todas sus necesidades.

Los casos que hemos visto, son de cosas grandes hechas por personas, en mérito de las cuales, recibieron una retribución acorde. Pero en ciertas ocasiones, también algo muy pequeñito que uno hace por el prójimo, puede cambiar totalmente su vida, o su estado de ánimo.

A través de una sola palabra amable por la mañana, es posible cambiar el rostro triste y abatido del vecino, por una sonrisa. Este pequeño acto puede influir en este hombre de manera abismal, incluso, quizá determine una modificación integral en la forma de afrontar todo ese día.

Además, tal vez, esta acción llevada a cabo por nosotros, afecte también a los días subsiguientes de nuestro vecino. Y no olvidemos que lograr la alegría en el otro, es uno de los caminos que conducen a la persona a heredar el mundo venidero (tratado de Taanit cap. 3).

Sin ir más lejos, ayer iba yo caminando por una de las calles del barrio contiguo, y veo a un individuo que sé fehacientemente, sufrió la muerte de su hijo.

A este hombre lo conocí hace un par de años en una ceremonia de ingreso de un nuevo rollo de la Torá. Estos eventos se realizan cuando se ingresa un rollo nuevo a una sinagoga o institución donde se llevan a cabo rezos y se requiere un rollo de Torá para leer. El sitio donde se ingresaba este rollo era una institución benéfica que recoge niños y jóvenes con problemas e intenta meter en sus corazones un poco de alegría que produzca un cambio positivo en sus vidas.

Para la ocasión estaba presente el rabino principal de Israel, quien contó públicamente todo lo sucedido con este hombre, y reveló que se trata de alguien que vive muy recatadamente, dando a entender que no cuenta con grandes recursos económicos. Así y todo, prosiguió el orador, donó un rollo de la Torá que cuesta miles de dólares a esta institución benéfica.

De aquella sentida ceremonia habían pasado ya dos años, pero aun recordaba muy bien el rostro del hombre y todo lo que había acontecido con él. Por eso ahora, que lo veo pasar cabizbajo, balbuceando algo que no alcancé a entender, decidí acercarme sin demoras. Cuando estoy a unos metros le digo: “¡Shalom Menashe!”.

El varón muestra una expresión de alegría en su rostro y me pregunta: ¿Cómo me conoces?

Le conté que estuve en la ceremonia de ingreso del rollo de la Torá por él donado y le hice saber que fue algo muy emotivo.

Hablé con él un par de minutos, y me confesó que no es el único rollo que donó. Me señaló otro lugar donde también depositó uno. Además, me confesó que debió recaudar dinero y pedir donaciones para hacer eso, ya que él no dispone de medios suficientes para tal empresa. Luego de un breve dialogo, nos despedimos y cada uno siguió su camino. El hombre se fue con una sonrisa en el rostro.

OTRO EJEMPLO

A continuación transcribo un nuevo hecho que sucedió esta semana.

Con frecuencia suelo recibir preguntas de personas que viven en los distintos lugares del mundo, solicitando información sobre los más diversos temas relacionados con el judaísmo o también cualquier otra cuestión de la vida que deciden compartir conmigo.

La mayoría de esta gente que envía sus inquietudes desconoce quien les responde, y tampoco saben a quien escriben, ya que ingresan a la página de Internet que tenemos, a la cual hemos llamado "Judaísmo Virtual", y envían su pregunta, sin prestar atención, o averiguar quienes son los responsables del sitio, o quienes responden las preguntas.

Hace unos días, recibí un mensaje, en el cual preguntaban acerca del significado de la palabra "maná". En el texto aludían que es algo de calidad urgente, pues es una respuesta solicitada por la docente, para una tarea de la escuela.

No me llevó más que unos segundos escribir la respuesta: "Maná es el alimento que caía del cielo durante los cuarenta años que el pueblo judío permaneció en el desierto después de la salida de Egipto".

Hasta aquí, todo simple y técnico, pero veamos el mensaje de agradecimiento de esta persona (al cual copio tal como lo envió, con letras mayúsculas, y además se incluía una hermosa "carita" -emoticón- que venía adjunta):

EL MENSAJE

Hola SHALOMMMM!!!!!!! que tal?? MUCHAS MUCHAS GRACIAS POR LA RESPUESTA DEL E-MAIL QUE MANDE!! LO QUE PASA ES QUE YO BUSCABA Y BUSCABA PERO NO ENCONTRABA NADA LA VERDAD.... O SEA, NO ENCONTRABA NINGUNA DEFINICION CONCRETA DE ESA PALABRA Y LA NECESITABA PARA LA ESCUELA Q LA PROFESORA, MORA, NOS DI JO QUE BUSQUEMOS! PERO YA ESTA, YA LA TENGO Y GRACIAS DENUEVO!!!!!! CUALQUIER COSA SI TENGO ALGUNA DUDA SOBRE LA TAREA PUEDO CONSULTARTE? SI NO TE MOLESTAAAA OBVIO!!! AH Y OTRA COSA....USTED ES RABINO? DE ALGUNA ESCUELA? BUENO NO T LLENO MAS DE PEGUNTAS JAJAAJA, SALU DOSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS...

Denise.

El texto muestra gran alegría en el prójimo, merced a la respuesta obtenida, pues no sabía a quien recurrir para solucionar su problema, y he aquí, en forma simple y sencilla, la respuesta le "cayó del cielo".

Ese es el objetivo de la "tzedká", ayudar al otro, y hacer que se sienta feliz. Y pese a que este último caso, es algo muy pequeño comparado con los que vimos arriba, es un ejemplo claro de que no siempre es indispensable el dinero, sin él, igual se puede dar.

Al ser la "tzedaká" algo tan grande y poderoso, es menester esforzarse en cumplir este precepto de manera óptima, dando al que necesita, con un rostro que muestre alegría y generosidad, pues a través de aquel que recibe lo que le damos, la bendición llegará a nosotros, para que podamos disfrutar de la vida, sin que nada falte en nuestros hogares.

Shabat Shalom

R. David ben Israel

Fuentes utilizadas:

1 - Rashi
2 - Alshij
3 - Zohar Behar 110b
4 - Midrash Rabá Vaykrá 34: 14 - Talmud Yerushalmy, tratado de Ketubot 11: 3 - Iebamot 62.

 

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