La
sección de la Torá denominada Noé –Noaj-,
en su culminación, narra el nacimiento de Abram,
hijo de Teraj, quién se convertiría en la
primera persona en el mundo que reconoce a Di-s por medios
propios.
Luego
de este acontecimiento, en la sección siguiente,
denominada “Ve para ti” –Lej Lejá-,
Abraham se convierte en el principal protagonista. Se relatan
en la misma varios pasajes de su vida y distintas experiencias
suyas. Por lo tanto, debido a la trascendental importancia
que tendría este hombre en el mundo, estudiaremos
momentos relevantes de su vida.
En
aquella época, el trono del reinado pertenecía
a Nimrod, quién ejercía un amplio dominio
sobre gran parte de la población. El citado monarca,
en una de sus tantas guerras que realizó con el fin
de conquistar el mundo, reclutó a Teraj y lo nombró
comandante de sus ejércitos, debido a su gran fortaleza
y destreza para el combate.
Teraj
se enroló y sirvió al mandatario con total
entrega y fidelidad, a tal extremo, que arriesgaba su vida
en la batalla y batía al enemigo en forma terminante.
Finalmente logró el total subyugamiento de los oponentes,
que quedaron sometidos definitivamente al reinado de Nimrod.
Cabe
aclarar que no solo su fortaleza y aptitudes para el combate
entregó Teraj al rey, sino también su corazón.
Lo tenía como a su dios, adorándolo y prosternándose
frente a él y sus estatuillas. Además, perseguía
ferozmente a quién no aceptaba y adoraba a Nimrod
como dios.
El
mandatario estaba feliz de tener un fiel como lo era el
comandante de sus ejércitos, y decidió nominarlo
por sobre todos sus ministros. Además, decidió
entregarle una fortuna para que disfrute de una posición
económica digna, acorde a sus merecimientos. Teraj
se alegró enormemente con su grandeza y riqueza que
le fueron otorgadas.
La
novedad de Teraj
Al
disponer de un gran tesoro, decidió implantar una
novedad en el mundo. Tomó una parte de cobre, plata
y oro de sus depósitos, y ordenó acuñar
monedas a su nombre. Cuando comenzaron a circular tuvieron
mucho éxito, y lograron notable popularidad entre
la mayoría de las familias que habitaban la tierra.
Ya que hasta el momento no había dinero, solo existía
el sistema de intercambio o trueque. Alguien tenía
vino, lo trocaba con su vecino por pan. El otro poseía
especies aromáticas, las cambiaba por azúcar.
Así funcionaba el comercio hasta la aparición
de este nuevo sistema que revolucionó la economía
de la época.
Sumado
a lo narrado, Teraj abandonó por completo la fe de
sus padres y abuelos, ya que provenía de una simiente
notable, como Noaj, Arpajshad, Shelaj, Ever y Peleg. Se
alejó de ellos y se plegó a Nimrod y sus creencias
idólatras. Motivo adicional para que este le gratifique
su actitud entregándole poder y riqueza.
No
obstante, el miedo de Nimrod era constante, pues sabía
que el reinado pertenecía a la simiente de Shem hijo
de Noe, quienes habían sido destronados por la fuerza.
Por lo que era muy factible que algún día
se levante alguno de sus verdaderos herederos y atente contra
su vida, recuperando el cetro perdido.
En
tanto, Teraj no pensaba que esto iba a suceder y contrajo
enlace con Amtalai bat Karnabú. Convivió con
ella varios años, sin que le nacieran hijos, por
lo que estaba bastante deprimido. Las primaveras pasaban
y cada día la angustia era mayor, pues no hay tristeza
mayor a la que causa la ausencia de niños en el hogar.
Lo
visto por los astrólogos
Cierto
día, los astrólogos informan al rey haber
visto en las estrellas, que nacerá un varón
quién se levantará contra el reinado, dando
por tierra con la creencia masiva de la población
en Nimrod como dios. Y este que vendrá al mundo terminará
alzándose con la victoria, destronando al actual
monarca. Mencionan también que este nacimiento será
en breve, aunque desconocen el lugar donde se producirá.
Esta noticia provocó que el primer mandatario entre
en una situación de pánico.
El
rey organizó una reunión urgente, a la cual
fueron convocados todos sus consejeros, para plantear delante
de ellos el problema que se avecina. La velada se llevó
a cabo, y tras debatir sobre el asunto, llegaron a la conclusión
que es conveniente construir un gran edificio, donde traerían
a toda mujer embarazada que se localice en el reinado. Allí
las madres aguardarían hasta el momento del parto,
y en caso de nacerles una nena, la misma sería enviada
a su hogar con grandes honores junto a la madre, entregándoseles
además diversos presentes. Mientras que si la mujer
preñada daba a luz un varón, el mismo debía
ser sacrificado. Como saldo de este operativo, perdieron
la vida setenta mil almas.
Por
entonces, Teraj oscilaba los setenta años de edad,
y su esposa Amtalai había quedado embarazada por
primera vez. Sin embargo, en vez de gozar de una alegría
plena, ambos cónyuges se vieron envueltos en un gran
temor, del cual eran presa permanente, ante la posibilidad
latente de que el niño que la mujer llevaba en su
vientre sea de sexo masculino y lo pierdan por el decreto
en vigencia.
Los
días fueron transcurriendo, y al ser Teraj tan fiel
al reinado, nadie sospechaba que si su hijo nace varón
lo dejaría con vida. Todos estaban seguros que él
con sus propias manos lo llevaría al sitio donde
se cumpliría con la sentencia estipulada para el
caso. Por eso, nadie custodiaba la casa del fiel comandante
del ejército y líder de toda la corte de ministros.
Finalmente,
tras varios días de espera, llega el momento tan
esperado, el cual aconteció en el mes hebreo de Tishrei.
Nace un hermoso varón que ilumina toda la casa. La
madre cuando supo que dio a luz un niño se llenó
de pánico y dijo: “Nimrod ha exterminado setenta
mil bebés sin apiadarse de ellos, tampoco de ti se
apiadará!”. De todos modos, los padres del
pequeño decidieron protegerlo y no llevarlo a donde
debía ser sacrificado.
Simultáneamente
al nacimiento del hijo de Teraj, en su mansión se
produjo otro parto, correspondiente a una de las empleadas
domésticas, la cual dio a luz también un bebé
de sexo masculino. Tampoco a este chico llevaron a cumplir
con el decreto.
Una
estrella peculiar
En
momentos de nacer el hijo de Teraj, que se convertiría
en el futuro en nuestro patriarca Abraham, fue divisada
una estrella en el este que devoró cuatro luceros,
los cuales estaban orientados en dirección a los
cuatro puntos cardinales. Tras apreciar este fenómeno,
dijeron los sabios a Nimrod: “En estos momentos le
ha nacido un hijo a Teraj, y en el futuro brotará
y florecerá de él una nación que heredará
este mundo y el venidero. Si estás de acuerdo, demos
al padre mucho oro y plata en compensación y terminemos
con el niño”.
El
rey aceptó la propuesta y de inmediato enviaron la
fortuna mencionada al padre de la criatura adjuntando el
siguiente recado: ”Ayer te ha nacido un varón,
entrégalo a nosotros para que lo sacrifiquemos a
cambio de este tesoro!”.
Sin
embargo, el progenitor del bebé les encomendó
un mensaje para que comuniquen al rey: “Te responderé
con una parábola: - dicen a un caballo: ‘te
cortaremos la cabeza a cambio de toda esta cebada’.
El animal les responde: ‘tontos: si me cortan la cabeza:
¿quién comerá la cebada?’. Si
ustedes quitan la vida a mi hijo: ¿quién heredará
la fortuna que me quieren dar?”.
El
rey responde a través de sus enviados: “De
tus palabras que me has enviado, comprendo que te ha nacido
un varón”.
Teraj
responde: “¡Es verdad, pero falleció!”
El
monarca insiste: “Me refiero al vivo”.
Teraj
finalmente se hace presente, trayendo consigo al hijo de
la sirvienta, al cual sacrifican inmediatamente. Al contemplar
los siervos del rey que en un principio se rehusó
a traerlo, y ahora lo hizo, consideraron que se trataba
de su hijo verdadero, y pensaron que en verdad ya no está
más en el mundo. Y con respecto al que le había
nacido a la empleada doméstica, desconocían
que estaba pronta a dar a luz, ya que a causa de la fe que
tenían al comandante del ejército y jefe de
la corte de ministros, no pusieron guardias ni controlaron
su casa en absoluto.
De
todos modos, el niño corría serio riesgo en
caso que lo lleguen a descubrir, por lo que su madre decide
ocultarlo en una cueva muy distante de la zona habitada
y retornó a su vivienda. Pensó: “Que
El Eterno haga acorde a Su voluntad, pero no lo entregaré
para que perezca en manos del rey”.
En
la cueva, El Eterno mostró a Abraham un avance del
mundo venidero, y le dispuso dos surgentes, uno que emanaba
aceite y el otro, sémola. Permaneció allí
durante tres años, sin ver la luz del sol de día,
ni la luna y las estrellas por la noche.
Abraham
sale de la cueva
Cuando
hubo alcanzado los tres años de vida, Abram salió
de la cueva y fue entonces cuando vio por primera vez desde
que tuvo uso de la razón, a los cielos y la tierra.
En ese momento, a causa del esplendoroso panorama que sus
ojos habían contemplado, reflexionó y pensó
en sus adentros: ¿Quién creó a los
cielos, la tierra y a mi?.
Tras
meditar al respecto, oró todo el día al sol,
pues lo vio más elevado que todos los componentes
que había en el firmamento. Pero con la caída
de la tarde, el gigantesco astro luminoso se ocultó
por el oeste y emergió la luna por el este. Observó
pues a la luna y las estrellas que la rodean, y tras un
rápido análisis dedujo: “esta es quién
creó a los cielos, a la tierra y a mi”. Por
lo tanto, oró toda la noche a la luna, pero al amanecer
se produjo su retiro por el oeste y el sol asomó
por el este. Tras todo este suceso, Abram sentenció
totalmente convencido: “Estos no cuentan con suficiente
fuerza como para haber realizado la creación. Hay
un Amo por sobre ellos, a El oraré y me prosternaré”.
Al
apreciar el Creador el interés de Abram por Conocerlo,
cosa que nadie antes había hecho, El Eterno se revela
abiertamente a él.
Rabí
Izjak explicó el desenlace de este acontecimiento
a través de una parábola: “Había
un sujeto que deambulaba de lugar en lugar. Cierta ocasión,
divisa una mansión que se estaba incendiando. Se
pregunta: ¿Es posible que no tenga dueño?.
Entretanto, asoma su cabeza el propietario y le responde:
- “Yo soy el dueño!”, - dándole
a entender que la destrucción de la mansión
es por alguna causa justificada. Del mismo modo aconteció
con el mundo, Abram supo que varias veces fue destruido:
en la época de Enosh, en la del diluvio universal
y cuando construyeron la torre de Babel. Pensó entonces:
¿Es posible que en estos momentos no haya en la tierra
Alguien que la conduzca y guíe?. Al escuchar esto
El Eterno se asomó y respondió: “Yo
soy el Amo del mundo”, y no es destruido cada vez
que ello ocurre, sin que haya una causa justificada y una
supervisión que controle todo el proceso.
Luego
de los tres años que estuvo oculto en la cueva, Abram
regresa a casa de su padre, pues los pobladores y guardia
real ya habían olvidado el decreto sentenciado y
no había peligro. Al llegar a casa, los progenitores
no podían creer que su hijo aun yace con vida, y
se maravillaron por la sabiduría que adquirió,
propia de un adulto. Además apreciaban en él
una estatura de notables magnitudes, superior a la de cualquier
chico de su edad. También los otros hijos que le
habían nacido a Teraj: Najor y Harán se llenaron
de congoja al ver a su hermano con vida.
En
tanto, al igual que Abram, sus dos hermanos habían
desarrollado sus cuerpos e inteligencia de manera inusual.
Parecían personas adultas.
Y
si bien es sorprendente que niños tan pequeños
se comporten y desarrollen como adultos, no obstante hallamos
un ejemplo práctico en los animales del campo, pues
con tan solo observar un ternero recién nacido, veremos
con total claridad como en unos breves instantes luego de
salir del vientre de su madre ya anda correteando por el
prado. Solo que no estamos acostumbrados a ver seres humanos
con esas características, presentando un desarrollo
prematuro tan evidente como el citado, pero al contemplar
la escena mencionada, tendremos la posibilidad de comprender
racionalmente lo acontecido con los pequeños de nuestro
caso, pues la proporción de la cría de una
vaca que lleva en su vientre antes de dar a luz, no difiere
mucho de la de un ser humano, lo cual los torna perfectamente
comparables.
Una
vez que estuvo instalado en su hogar, Abraham comenzó
a frecuentar la casa de Noé y Shem, donde estudiaba
Torá y sabiduría de ellos.
En
tanto Teraj desde aquel decreto de sacrificar a los varones
que nacieren, había perdido la simpatía ante
Nimrod, al pretender ocultar de él su primer hijo,
motivo que provocó su alejamiento del palacio real,
y además, el rey le retiró la mayoría
de su riqueza. Pero con todo eso, Teraj prosiguió
idolatrando a Nimrod, y continuaba con la fabricación
de estatuillas con los rasgos del citado mandatario, vendiéndolas
a quienes adoraban a Nimrod, y a través de ello obtenía
ganancias para su manutención y la de su familia.
Además, sus hijos Harán y Najor lo ayudaban
en la tarea.
Abraham
adulto
Cuando
Abraham creció, y se hallaba lleno del conocimiento
y temor del Creador, pensó: “¿Serviré
a El Eterno yo solo, mientras todo el mundo se encuentra
errando tras Nimrod?. Tornaré a mi casa y promulgaré
a todos que El Eterno creó los cielos y la tierra,
y sustenta y mantiene a todas las criaturas. Difundiré
que El es verdad y Nimrod mentira”.
Ni
bien Abraham regresó a casa de su padre de manera
estable, su progenitor le procuró un trabajo. En
la morada de Teraj se fabricaban estatuillas para vender
en la feria. Cierto día, el padre debió salir
a otra ciudad y dejó a Abraham encargado de vender
la producción. Le preparó la mercadería
en dos bolsas y le colocó un puesto en la feria.
El
primer cliente que se aproximó, le dijo: “¿Tienes
un dios para vender?”.
Abram
respondió: “¿Qué tipo de dios
deseas?”.
El
cliente aclaró absolutamente convencido: “Yo
soy un hombre fuerte y vigoroso, ¡Dame un dios fuerte
como yo!”.
El
vendedor cogió una estatuilla que estaba sobre todas
las demás y sin soltarla, le comunicó al comprador:
“!Dame el dinero y toma este!”.
El
hombre le sugiró: “¿Este dios es fuerte
como yo?”
Abraham
le pregunta: “¿Aun no sabes acerca de las propiedades
de los dioses?. El que está encima de todos es el
más fuerte, pues si no fuere así, ¿cómo
hizo para estar sobre todos los demás?”.
El
cliente quedó satisfecho con el argumento del comerciante
y adquirió el producto. Cuando saludaba para retirarse,
Abram lo llama y le pregunta: “¿Qué
edad tienes?”.
El
individuo respondió: “!Tengo setenta años!”.
Abram
le preguntó: “¿Tu te prosternas al dios
que adquiriste o él se prosterna a ti?”
El
hombre respondió decidido: “!Yo me prosterno
a él!”.
Abram,
al escuchar la respuesta, le propuso: “Tú eres
mayor que tu dios, pues fuiste creado hace setenta años,
mientras que tu dios fue creado el día de hoy con
un yunque y martillo”
Inmediatamente
el cliente arrojó su adquisición a la bolsa
de Abram y le solicitó el reintegro del dinero, tras
lo cual se retiró.
De
esta misma manera se condujo Abram con cada uno que se acercaba
pretendiendo adquirir una estatuilla.
El
retorno
Más
tarde Abram regresó a su hogar con todos los dioses,
sin haber vendido una sola unidad. Sus hermanos al ver su
fracaso como vendedor, decidieron convertirlo en sacerdote,
para ver si tiene mayor éxito en esta tarea. Abram
preguntó en que consistiría su nueva labor
y le dijeron que debe dar a los dioses de comer, beber y
servirles. Les acercó alimento y bebida para que
tomen, pero ninguno de ellos probó nada. En ese momento
proclamó (Salmos 115): “Tienen boca y no hablan,
ojos y no ven, orejas y no oyen, nariz y no huelen, manos
y no pueden palpar, pies y no caminan”.
Estas
palabras proclamadas por Abram constan en el libro de los
Salmos, escrito por el rey David muchos años después
de fallecer Abraham. Se debe a que la mencionada obra no
contiene solamente textos del autor, sino también,
fragmentos de situaciones vividas por diez de sus antecesores,
entre los cuales se halla el patriarca Abraham, quien inicialmente
se llamaba Abram, y luego El Eterno le agregó un
letra a su nombre y pasó a llamarse Abraham. (Talmud
Baba Batra 16)
Abram
ya había comprobado que estas figuras de madera y
metal no tienen ningún tipo de poder, entonces decidió
tomar un elemento contundente con el cual quebró
todas las estatuillas. Su padre, de regreso al hogar, contempló
el gran destrozo y sin perdida de tiempo le preguntó
por lo sucedido. El hijo le respondió que el dios
más grande quería comer primero su alimento
y se ensañó con todos los demás, destrozándolos.
Teraj se encolerizó con Abram por haberse rebelado
contra sus dioses y lo entregó al rey Nimrod.
Cuando
el monarca lo tuvo enfrente, preguntó al hijo de
Teraj. “¿Acaso no sabes que soy el amo de todas
las cosas, y que el sol, la luna y las estrellas salen y
se ocultan según mi voluntad? ¿Por qué
destruiste los ídolos que representan la fe en mi?.”
Abraham
le comunicó: “Has de saber que desde que fue
creado el mundo hasta el día de hoy, el sol sale
por el este y se pone por el oeste. Si eres el amo de todo,
como dices, ordénale que mañana salga por
el oeste y se ponga por el este. Entonces divulgaré
que eres el amo del mundo”
Además
le dijo: “Si eres el amo de todos los hechos, seguramente
las cosas ocultas, son reveladas para ti. Dime entonces
que es lo que estoy pensando en estos momentos y que haré
en el futuro”.
El
rey se tomó la barba y mostraba notorios signos de
sorpresa.
Abram
interviene nuevamente: “No te sorprendas tanto. No
eres el amo de todas las cosas, sino el hijo de Kush. Pues
si eres el amo de todo, hubieras salvado a tu padre de la
muerte. Así como no salvaste a tu progenitor del
sepulcro, tampoco tú te salvarás”.
Inmediatamente
Nimrod mandó llamar a Teraj y le comunicó:
“Tu hijo destruyó mis dioses, corresponde que
se la aplique la pena capital de ser arrojado al fuego”.
El mandatario no obstante se volvió hacia Abram sugiriéndole:
“Prostérnate al fuego y te salvarás”.
Abram
responde: “Si es así, me debería prosternar
al agua que apaga el fuego”.
Nimrod
acepta: “Prostérnate al agua”
Abram
sugiere: “Si es así, me debería prosternar
a las nubes, que están cargadas de agua”.
Nimrod
conforme consiente: “Prostérnate a las nubes”.
Abram
insiste: “Debería mejor prosternarme al viento
que esparce las nubes”.
Nimrod:
“Hazlo, prostérnate al viento”.
Abram
le sugiere: “Debería prosternarme a un ser
humano, pues soporta el viento”.
Nimrod
concluye: “Yo me prosterno al fuego, y a él
te arrojaré, y que venga tu Di-s y te salve”
El
momento de la hoguera
Construyeron
una enorme hoguera y lo arrojaron dentro. Pero ante el estupor
de los presentes, Abram no sufría ningún daño
por efecto del fuego, hasta que finalmente el rey le ordena
salir. La gente comenzó a prosternarse a Abram, y
este les comunicó: “prostérnense a mi
Di-s que me salvó. Rindan honores a Quién
os creó”.
El
hijo de Teraj gozaba de tremendos honores, los ministros
le traían presentes, y hasta el propio Nimrod le
dio a su hijo como esclavo en calidad de obsequio, nos referimos
a Eliezer.
Luego
de todo esto, mucha gente reconoció que El Eterno
salvó a Abraham, y le traían sus niños
para que les enseñe a conducirse según su
camino.
Además,
gran cantidad de servidores del rey Nimrod, como unos trescientos,
se apegaron a Abraham. También Teraj desde ese día
creyó en El Eterno y abandonó todas sus tendencias
idólatras.
Abraham
fue bendecido por El Eterno con mucha riqueza, pero este
la invirtió en hacer benevolencia y caridad con las
criaturas. Solía traerlos a su hogar, les daba de
comer y beber, y los preparaba para conducirse apropiadamente
en el servicio a El Eterno. Por eso está escrito:
“y las almas que hicieron (Abraham y Sará)
en Jarán”. (Génesis 12: 5)
Debemos
comprender que nadie puede crear un alma e introducirla
dentro de una criatura. ¿Cómo entonces el
versículo menciona “las almas que hicieron”?.
Enseña que quién acerca un alma al servicio
a El Eterno, se le considera como si lo hubiera creado (a
quién acercó). Y hay quienes aplican esta
conjetura también respecto a los preceptos, aquel
que influye en el prójimo para que realice una buena
acción, y logra que la ejecute, se le considera como
que él mismo la hizo.
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