Iom
Hashoá: El Día En Donde Todos Debemos Participar
Un
nuevo aniversario vuelve a cumplirse. La memoria vuelve
a tener un papel protagónico. Una verdadera tragedia.
Se me hace imposible esquivar el tema, sabiendo que gran
parte de mi familia paterna fue víctima de tal genocidio.
Siempre me pregunté cómo podían existir
sobrevivientes que negaran la existencia de un Di-s, de
Un Poder Supremo. Teniendo la “exclusividad”
de salvarse de tamaña barbarie, afrontando situaciones
de tal magnitud, ¿acaso podrían renegar a
Hashem?
Mi tía abuela (Z”L) también fue una
de aquellas afortunadas.
Leyendo una y otra vez su libro, aun no entra en mi cabeza
cómo siempre era la que salía ilesa, la que
se salvaba, no corriendo los demás la misma suerte
que ella. Muchas “casualidades” y “coincidencias”
se daban. Parecía todo muy “irreal”.
Un verdadero “cuento de ciencia ficción”.
Escalofriante.
En el Priké Avot (2:5) el sabio Hilel nos enseña:
“No juzgues a tu compañero hasta que estés
en su misma situación”.
Es muy fácil apuntar y señalar con el dedo
argumentando (con todo el “derecho” y “autoridad”)
qué es lo que está bien y qué no; qué
o no debió hacer aquella o cual otra persona. Pero
justamente esta Mishná nos enseña que por
cuanto que es imposible estar en la misma situación
que nuestro prójimo (por más empatía
que pueda existir), nunca se lo debe juzgar. Aun en la circunstancia
en la que parezca una conducta desvirtuada y desacertada
a tus ojos, debes mantenerte al margen.
Con
esto no trato de justificar la “rebeldía”
o “apatía hacia Di-s” de otra tanta gente,
simplemente trabajar internamente para tratar de evitar
juicios hacia ajenos, utilizando así esta energía
para focalizarnos más en nosotros mismos. Ser concientes
que no somos “jueces” de nada ni de nadie. Que
nada cambiará (para bien) si emitimos juicios de
valor. En todo caso, hay Otro Juez que sabe muy bien hacer
las cosas y no necesita "secretarios".
Basta con que miremos nuestro accionar diario para observar
las veces que nos enojamos por pequeñeces, intrascendencias
o asuntos sin sentido. En contraste, estamos hablando de
personas que perdieron a sus familias completas, padres,
hermanos, hijos… bienes personales, objetos de valor
afectivo, amigos… ¿cosa simple? ¡Para
nada! Entonces, ¿cómo no comprenderlos?
“¡Me enojé con Di-s!”, se lo escuchaba
rezongar a Jorge, eufórico, tras haber sufrido una
pinchadura de goma en su vehículo camino al Templo.
“Quiero concurrir a rezar ¿y esto Di-s me hace?”.
No debemos pensar que estamos muy lejos del comportamiento
de Jorge.
Sin necesidad de afirmar explícitamente “me
enojé con Di-s”, podemos darlo por sentado
al enfurecernos sobremanera en las situaciones cotidianas
de todos los días.
A tal punto que tanto el Talmud (Shabat 105 b) como el Zohar
(Bereshit 27 b; Koraj 179 a) afirman que: “todo aquel
que se enfurece, es comparado como aquel que idolatra”.
Puede que nos preguntemos: “¿para tanto? Más
allá del mal universal reconocido por todos acerca
del enojo, ¿cómo se relaciona este asunto
con negar la Presencia Divina (Di-s no permita)?”.
Sólo si analizamos el por qué en oportunidades
nos irritamos, podremos aproximarnos a una posible respuesta.
Cuando un individuo o situación nos daña física,
verbal o monetariamente sacándonos de “nuestras
casillas”, la respuesta posible, inmediata y contigua,
se aplica con un sin fin de quejas, molestias, y hasta en
oportunidades, insultos y agresiones físicas (que
no escuchemos).
¿Acaso aquellas reacciones tienen relación
alguna con nuestras bases referidas a nuestro reconocimiento
que “nada escapa de Di-s”, que todo es dirigido
por Él? ¿Puede existir la ocasión que
Hashem no desee que alguna situación nos “lastime”
y por “decisión” de un sujeto nada omnipotente
se concrete?
Este es el motivo por el cual el Talmud afirma que la ira
es sinónimo de idolatría. Con nuestro enojo
estaríamos afirmando implícitamente que: “no
estamos de acuerdo con este Di-s que nos mandó tal
o cual situación. No tenemos el mismo criterio. ¡No
entendemos por qué es tan injusto!” (j”sh).
Quizá sea un poco difícil internalizar que
cualquier acción de otro sujeto o individuo, negativa,
positiva o neutral, toda es manejada por un Todopoderoso.
Y si se dio, es porque “Alguien” dio el OK para
que así suceda. Pero la Fe judía nos enseña
que para nuestro beneficio, así es la realidad.
Muchas veces no comprendemos el por qué. Escapa a
nuestro entendimiento. Sólo si tenemos la convicción
que Di-s nos ama y quiere nuestro bien, podremos aceptar
las diferentes situaciones difíciles que nos presenta
la vida como oportunidades y trampolines para la autosuperación.
Nadie afirma que es tarea fácil, pero todos estamos
de acuerdo que con esta forma de pensar, nuestra perspectiva
de vida cambiaría rotundamente. Afrontaríamos
la cotidianidad de una manera muy distinta y plena. Más
positiva.
En una oportunidad le preguntaron a un hombre de edad avanzada
cuál era su secreto para vivir tantos años.
El hombre contestó de la siguiente manera: "las
personas a lo largo de la vida siempre viven quejándose
y preguntándole a Hashem: ` ¿por qué
me haz hecho esto?`, a esas personas Di-s las `llama` para
darles una respuesta... como yo nunca me quejé, y
siempre recibí con alegría todo lo que me
mandó el Todopoderoso… ¡aun no tiene
motivo para `llamarme` y darme una contestación!”
No alcanza con que hagamos “memoria y justicia”
para "sanar las heridas" de catástrofes
humanas de tal magnitud. Debemos ir un poco más allá
de lo abstracto, del pensamiento. El simple hecho de recordar
no requiere demasiado esfuerzo, no nos compromete como verdaderos
creyentes en Di-s y no nos mantiene unidos como pueblo.
La acción es la mejor manera de hacer honor hacia
aquellos que dieron su vida por su Fe y su Di-s, nuestro
Di-s, nuestros verdaderos héroes.
Alan J. Owsiany
es Consultor Psicológico (Counselor). Al terminar sus estudios de bachillerato,
estudió 1 año en Yeshivat "Kneset Jizkiahu" - Kfar Jasidim
(Rejasim, Israel).
Desde la psicología humanística existencial (enfoque al que toma
como columna vertebral), se esmera en aplicar su profesión dentro del
marco de la Torá y las mitzvot.
Actualmente desarrolla tareas como docente integrador y acompañante terapéutico
en escuelas ortodoxas de la comunidad.
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