La
celebridad de Purim es peculiar de por sí. Ya su
designado nombre denota esta característica. ¿Qué
significado posee, entonces, la palabra “Purim”?
El malvado Hamán quería deshacerse de Mordejai,
el sabio, y junto con él, a todo su pueblo. Este
erudito era la única persona que no se arrodillaba
ni le rendía pleitesía, que no le brindaba
honores. ¿Qué tanto le modificaba la vida
a este sádico, que tan solo una persona no se arrodillara
ante él? ¡Miles de personas (y aun del mismo
pueblo que Mordejai) lo hacía diariamente! ¿Tan
solo por uno?
Nuestros sabios nos enseñan que la búsqueda
de honores no conoce límite ni frontera. Tal como
sucede con la ambición y la lujuria, el individuo
que posee cien, desea doscientos; y el que apetece doscientos,
finalmente anhela cuatrocientos. Así se torna el
humano en condición bruta. Es decir, no trabajar
sobre las cualidades internas, no nos coloca en una posición
“neutra”, imparcial o indiferente. Sino, todo
lo contrario, siendo pasivos estamos restando, ya que por
esencia, por naturaleza, las personas solemos poseer dichas
tendencias negativas.
Justamente para ese fuimos enviados a este mundo: para esforzarnos
y pulir el alma entregada, para, al finalizar su misión
aquí, sea devuelta al Todopoderoso de la misma manera
en la que bajó: pulcra y libre de faltas.
En realidad, Hamán podía planear su ataque
solamente hacia Mordejai, ya que él era la única
persona que se rebelaba. Pero, se tornaba un “desprecio”
para su persona exterminar tan “solo” a un individuo.
Mejor idea se volvía aplastarlo a él junto
a todo su pueblo, Am Israel.
Un tanto asombroso el maniobrar de Mordejai, ¿no
creen? La Torá misma nos enseña que ante peligro
de vida podremos pasar prohibiciones de Hashem, con tal
de no ser asesinados (Levítico 18:5). ¿Acaso
Mordejai con su accionar no introdujo a todo el pueblo en
riesgo de aniquilamiento? ¡La misma Torá se
lo permitía! ¿Por qué su negativa y
poner en riesgo a todo el pueblo?
Hacia todas las situaciones que se presenten a la persona,
corriendo peligro su vida si no llegara a trasgredir alguna
prohibición de Hashem, no debe acatar el precepto
con tal de salvar su alma. Solamente hacia tres pecados
debe dejarse asesinar y no trasgredir la mitzvá:
adulterio, asesinato (“mata a Javier o sino te mato
a ti”) y/o idolatría. Hamán poseía
colgado en su cuerpo un amuleto de idolatría para
que, al arrodillarse ante él, lo hicieran también
hacia aquella adoración. Es por ello que Mordejai
no acató sus órdenes, pues, estaba prohibido
realizarlo.
Como Hamán creía en la superstición,
a fin de establecer el día de aniquilamiento total
hacia el pueblo de Israel, efectuó un sorteo (“pur”).
En él se perpetraría el final de Mordejai
y sus secuaces.
¿Por qué decimos, entonces, que la festividad
de Purim es peculiar de por sí desde la denotación
de su nombre?
Si analizamos bien, nos daremos cuenta que todas las conmemoraciones
del calendario judío, todos sus nombres, tienen su
raíz en el milagro ocurrido, en la liberación,
en las maravillas salvadoras.
Januká fue la fecha en que los judíos descansaron
(“janú”) de sus enemigos, el veinticinco
de Kislev (“ká”, sumadas las letras “jaf”
y “alef”).
En Pesaj conmemoramos –dentro de otros sucesos- que
Hashem “pasaj” (salteó) las casas de
los judíos en la plaga de los primogénitos,
dejándolos a estos últimos con vida (no así
a los egipcios).
La festividad de Sucot (cabañas) nos recuerda a las
nubes de Gloria que protegían al pueblo de todo acecho
en su travesía en el desierto, durante cuarenta años,
luego del exilio egipcio.
Pero Purim no corrió la misma suerte. El nombre de
esta festividad refleja el sorteo (“pur”) que
efectuó Hamán para el aniquilamiento final
del pueblo, y no en la salvación en sí.
También el hecho que no aparece ni una sola vez el
nombre de Di-s en la Meguilá, da que hablar. Es el
único escrito sagrado del Tanaj en el que no se menciona
en ninguna oportunidad la providencia Divina. ¿Y
eso por qué?
En nuestros días también transitamos por unos
cuantiosos y grandes “sorteos”. Puede que por
la agitada rutina en un mundo tan acelerado no lo notemos
de manera real y objetiva. O que algunas “máscaras”
tapen la cruda realidad. Algunos quieren nuestro fin, otros
lo disimulan, tantos otros poseen intereses creados y es
por eso que nos defienden… No sabemos los motivos
por los cuales Di-s conduce al mundo de esta manera, pero
no debemos tener dudas que Él es quien permite que
esta “suerte” nos apremie.
Quizá el judío necesite que le remarquen desde
el exterior que no le corresponde el camino de otras naciones.
Que no copie otras ideologías, pues, siguiéndolas
se aparta de su misión Divina terrenal, y a la vez
espiritual. Justamente cuando al judío le dicen “judío”
en la vía pública (con tono despectivo, claro)
es cuando más le hierve la sangre y se identifica
con sus antepasados, por más alejado que se encuentre
de la religión. Atentan contra su esencia, contra
su raíz. Eso le molesta.
Un primo que ejerce funciones de Rabino en un importante
país de Sudamérica, me comentó que
los no-judíos de allí tratan tan bien a los
judíos, que los matrimonios mixtos cada vez se incrementan.
Cuando él se dirigía a una farmacia y observaban
su manera de vestir y por ende, su condición de Rabino,
¡le cedían el turno! Allí, el judío
no se siente discriminado por otras religiones, es por ello
que tampoco le “molesta” contraer matrimonio
con personas que no le corresponde. Si de todas maneras
lo tratarán “como a uno más de la sociedad”
(o mejor aun…)
Cuando sabemos diferenciarnos de nuestro entorno, no copiando
costumbres ajenas y maneras de ser que no nos correspondan;
cuando quitamos las ideologías de Hamán de
nuestros pensamientos; entonces todos los “sorteos”
que puedan organizar frente a nosotros, todas las atrocidades
más espeluznantes que deseen planificar, se transformarán
en nuestros días de festejo. En esa misma fecha,
en ese mismo momento.
Esto nos enseña Purim: que la misma fecha que deseen
“sortearnos”, que deseen deshacerse de nosotros,
liberarse… ¡será justamente nuestro día
de alegría!
Contestando la segunda pregunta, el Rab Avraham Eben HaEzra
(en Meguilat Ester) explica que por cuanto que este texto
se escribió en la época del reinado de Pras
y Madai, si los judíos explicitaban el nombre de
Di-s en la Meguilá, los reyes de aquel entonces los
hubiesen traducido con las denominaciones de sus dioses,
de sus idolatrías. Para evitar aquello, no fue explicitado
el nombre Divino (existen otras explicaciones más
profundas ya muy conocidas, pero como no es el tema central
que deseamos tratar, no las mencionaremos).
A partir de aquel milagro, los sabios establecieron algunos
preceptos para esta solemne celebración:
1) Lectura de Meguilat Ester (en donde se relata el suceso
del milagro).
2) Banquete de Purim.
3) Envío de regalos comestibles hacia, al menos,
un compañero.
4) Donativos a los pobres (mínimamente hacia dos,
una cantidad considerable).
“Es mejor incrementar en regalos (y/o donativos) a
los pobres más que aumentar en banquetes y envíos
de comestibles a los compañeros, pues, no hay alegría
mayor y bella sino alegrar los corazones de los pobres,
huérfanos y viudas” (Maimónides).
El precepto de “donativos hacia los carenciados”
podemos practicarlo cada día, a cada instante y sin
necesidad de encontrarnos en una celebridad denominada Purim.
¿Qué entendemos, pues, por pobre/carenciado/necesitado?
En un capitalismo absoluto y en una sociedad de consumo
(que también nos consume…) seguramente nos
imaginamos a un necesitado con sus ropas rasgadas, sin nada
lo qué comer ni ropa de marca y sin poseer un trabajo
digno. Conozco personalmente personas que no carecen de
nada de lo anteriormente mencionado, y aun así no
son menos “necesitados” que los imaginarios.
En realidad, todos estamos “necesitados” de
algo… un componente que es esencial para nuestra vida,
para nuestro existir. No me refiero al agua… tampoco
al aire… mucho menos a la luz solar… Este elemento
no es ni insípido, ni incoloro, ni inodoro…
este condimento se llama: AFECTO. Al degustarlo podemos
percibir un gusto muy agradable (por eso no es insípido);
al observarlo palpamos los hermosos colores que quedan plasmados
en nuestros corazones (por ello no es incoloro); y al olfatearlo
nos quedamos con ganas de más (ahora entendemos el
motivo del por qué no es inodoro). Somos verdaderos
adictos al afecto, aunque no siempre optemos por demostrarlo…
Una sonrisa, una buena atención a un cliente, un
saludo cordial al vecino, todos estos gestos producen que
el “necesitado” se beneficie. Muchos individuos
acaudalados que piensan que lo tienen todo (o así
piensan de ellos), se sienten solos, vacíos y sin
sentido de existencia. ¿O acaso no perciben que sus
“amigos” son solo interesados? ¿Que su
fortuna no los deja disfrutar de sus familias (si es que
tienen…), pensando en los negocios?
En estos términos, ¡podemos cumplir con este
precepto las veinticuatro horas del día, en el sitio
que estemos, en cualquier idioma y con cualquier persona!
No es necesario tener conocimiento de su nivel socio-económico,
pues todos somos “carenciados” en este sentido.
Pero claro, es más simple entregar dinero, demostrar
que otros necesitan de nosotros, que somos nosotros los
que entregamos, los que merecemos aplausos, bombos y platillos…
Muchas veces me pongo a pensar lo bien que podemos hacerle
a un cliente cuando hacemos negocios con él. En realidad,
viene por motivos económicos, de subsistencia…
pero si junto a ello podemos dejarle un buen trato, modales
y atendiéndolo como a una verdadera persona…
¡cuánto mejor negocio haremos con su bienestar
emocional!
No siempre nos levantamos con el pie derecho… gracias
a Di-s somos dinámicos y con personalidades diferentes.
Es la diversidad humana. Un buen gesto puede cambiar el
día y hasta vidas completas.
Cuando uno se dirige a un profesional de la salud mental
(como un psicólogo o un counselor), lo que busca
–dentro de muchas otras cosas- es sentirse escuchado.
Pero el consultante paga por aquello. Va dispuesto a ese
encuentro, a esa finalidad (“después de todo,
¿para eso le pago, no?”). Quizá, al
ser amables y cordiales en nuestros trabajos, hogares y
cotidianeidad… ¡estaremos haciendo más
que aquellos profesionales de la salud mental! Pues, no
nos pagan por tan significante tarea, y por ende, ¡el
receptor puede recibirlo con más veracidad, como
un desinteresado gesto y con mayor predisposición!
Volviendo a la festividad de Purim en sí, los sabios
nos ordenaron hacer un “stop” en nuestros festejos
para no olvidarnos de las personas que más nos necesitan.
Por ello impusieron un precepto exclusivo que consiste en
otorgar sostén económico hacia aquellos que
menos pueden. Es que, ¿cómo podremos festejar
en nuestros cómodos y amplios hogares cuando existen
“de los nuestros” que no están en las
misma condiciones para realizarlo?
El libro “Manot Haleví” explica que el
motivo del tercer precepto antes mencionado que establecieron
nuestros sabios para esta solemne fecha (envío de
regalos comestibles hacia, al menos, un compañero),
se debe a que Hashem siempre busca que su pueblo estreche
lazos de amistad y compañerismo entre sus partes.
Tal como nos enseñó el Rey Salomón:
“Sus caminos (de Di-s) son caminos agradables y todas
sus sendas, paz” (Proverbios 3:17).
Aun así, existe otra opinión, la del “Terumat
Hadeshen”, que revela que la atribución a este
mismo precepto es porque existen algunas personas que carecen
de medio económicos. Estos mismos se avergüenzan
de recibir donativos en condiciones de pobres (como corresponde
hacer en Purim) para hacer el banquete. No así sucede
cuando, por una mitzvá totalmente distinta y que
se realiza con cualquier judío, independientemente
de su situación económica, envían regalos
hacia aquellos, de buena gana los aceptan. Así los
sabios lograron que aun los vergonzosos menos pudientes,
tuvieran la posibilidad de festejar con su propio banquete
festivo. Y observemos que, según esta idea, el motivo
de este precepto es… ¡tan solo para no avergonzar
a un grupo selecto de personas!
Es que el pueblo de Israel es uno. Mientras unos festejan,
no pueden existir aquellos que, por su duro transitar, no
estén en condiciones de celebrar. La festividad es
de TODOS, no de algunos pocos. Al enemigo lo vencimos TODOS,
no solamente los soldados. Se torna imposible festejar cuando
no somos TODOS los que estamos en aquellas condiciones.
TODOS somos ganadores. No existen ganadores a medias. Tampoco
ganadores por un lado y perdedores por el otro. Pues, como
bien dijimos, somos un pueblo. Uno solo.
Alan J. Owsiany
es Consultor Psicológico (Counselor). Al terminar sus estudios de bachillerato,
estudió 1 año en Yeshivat "Kneset Jizkiahu" - Kfar Jasidim
(Rejasim, Israel).
En la actualidad
trabaja de docente integrador y acompañante terapéutico en una
escuela ortodoxa de la comunidad.
Ocasionalmente
da clases particulares a alumnos con dificultades en el aprendizaje y/o en la
conducta.
Desde la psicología
humanística existencial (enfoque al que toma como columna vertebral),
se esmera en aplicar su profesión dentro del marco de la Torá
y las mitzvot.
Alan dedica
media jornada del día al estudio del Talmud y otros contenidos judaicos
en un Kolel.
Si te
apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer
un libro que seguro te fascinará: Numerologíay Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.
En el
mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y
las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.