A sabiendas que en varias ocasiones surgen algunas confusiones
respecto a esta solemne fecha, veo necesario aclarar ciertos
puntos.
Debemos
tener bien claro que “Lag BaOmer” no es una
festividad en sí misma. Literalmente significa “33
de Omer”, que son los días que venimos contando
desde la segunda noche de Pesaj (fuera de Israel), culminando
esta misma hasta Shavuot.
Esta
cuenta es un precepto ordenado por Hashem y transcripto
por Moshé en la Torá escrita. Mientras el
Gran Templo estaba en sus bases, luego de culminar de contar
el Omer (49 días), los judíos debían
traer una ofrenda especial de grano (ver Levítico
23:15).
Ahora
bien, en el día 33 de esta cuenta (“Lag BaOmer”)
se dieron dos episodios trascendentales en la historia del
pueblo judío:
En
primer término, el Talmud (Yebamot 62b) nos relata
que luego de la festividad de Pesaj, una gran plaga azotó
a 12 mil parejas de alumnos (es decir, 24 mil) del gran
erudito y Taná Rabí Akivá dejándolos
a estos sin vida, y al gran Sabio sin alumnos. (Aunque no
es en lo que haremos hincapié, es interesante observar
que el Talmud no escribió 24 mil alumnos sino 12
mi parejas de alumnos, para enseñarnos que el estudio
se adquiere siempre de a dos. No es un “juego solitario”.
Necesitamos del otro para también aprender nosotros
mismos. Una recíproca comunicación. Un ida
y vuelta. Nutrir y nutrirse con el otro.)
Al
llegar el día 33 de la cuenta, cesaron de fallecer
muchos de ellos. Por esto mismo en ese día estamos
alegres (ver Talmud Yebamot 62b, Shulján Arúj
493:2, Mishná Berurá, Peri Megadim).
En
segundo lugar, en esta misma fecha falleció Rabí
Shimón bar Iojai, quien fue el autor de la magnífica
obra del “Zohar”, pilar fundamental de la Kabalá
y de la mística judía. Por pedido de él
mismo, el día de su fallecimiento es colmado por
alegría, se pueden realizar casamientos, cortarse
el pelo, vestirse ropas nuevas, entre otras cosas, y se
encienden muchas velas en los Templos, acciones que estaban
prohibidas durante la cuenta de Omer por ser estos días
de semi-duelo (por el episodio antes mencionado con los
alumnos de Rabí Akivá).
Hashem
le había dado una señal a Noaj que no sucedería
nuevamente un diluvio: el arco iris. Mediante este, Di-s
hizo un pacto con Noaj (ver Génesis 9:11-17).
Cuando en nuestros días observamos el arco iris,
por más bello que parezca, es una señal que
las cosas no andan del todo bien con nosotros. Un llamado
de atención para la reflexión por parte de
Di-s.
En
“Lag BaOmer” se acostumbra a que los niños
jueguen con arcos y flechas debido a que en todos los años
en los que vivió Rabí Shimón Bar Iojai,
su santidad era tal y su rectitud tan, que nunca se pudo
ver el arco iris en el firmamento (en hebreo “arcos”-instrumento-
se dice “keshet”, de la misma manera que la
palabra “arco iris”).
También
se acostumbra a realizar fogatas simbolizando la Torá
oculta que reveló Rabí Shimón bar Iojai
en sus días. Tal como dice el versículo: “Una
luminaria es una Mitzvá (precepto) y la Torá
es luz" (Proverbios 6:23).
Pero insisto: no es que “Lag BaOmer” sea una
fiesta en sí misma, sino que justo en esa fecha sucedieron
acontecimientos por los cuales estamos alegres. Pero siempre
existió el 33 de Omer. Debemos diferenciar bien cada
episodio.
El
Talmud (Yebamot 62b) nos enseña que el motivo por
el cual perecieron los alumnos de Rabí Akivá
fue “porque no se respetaba un alumno con su compañero”.
Desde
este trágico suceso fue cuando el mismísimo
Rabí Akivá enfatizó el amor al prójimo
con la frase: ““Veahavta lereaja kamoja, ze
klak gadol baTorá” (“Amarás a
tu prójimo como a ti mismo”, este es un gran
concepto en la Torá”). Y si nos fijamos bien,
él dijo: “este es un gran concepto en la Torá”,
ya que por no cumplir con aquello, mucha Torá se
fue del mundo. Figuras excepcionales perecieron.
Estamos hablando de alumnos ejemplares de un Taná.
Que estudiaban día y noche. Discípulos directos
de una personalidad tan grande como Rabí Akivá,
que llegó a entender profundamente la Torá
más que Moshé Rabenu… ¿cómo
puede explicarse que hayan “fallado” en algo
tan grave y, a simple viste, tan lógico, como el
trato a otra persona?
Se
dan varias explicaciones al respecto. Veamos algunas:
Antes que nada debemos saber que Di-s no juzga a todas las
personas por igual. Cada uno tiene su forma particular de
ser-en-el-mundo y por lo tanto, muchas situaciones nos cuestan
más a unos que a otros y viceversa. No hay generalidades.
Cada uno es único e irremplazable. Hashem es un Juez
Justo con cada uno de nosotros. Esta es una de las cualidades
(dentro de millones) por lo cual Hashem se diferencia a
los demás jueces de carne y hueso.
Por este motivo, el Todopoderoso es detallista con los Sabios
“kejut haseará” (como un hilo de cabellera),
es decir, muy meticulosamente. Acciones que en nosotros
podrían considerarse “neutrales” o aun
preceptos, con respecto a ellos llegarían a ser faltas.
Una
explicación al motivo del Talmud de aquel término
“no se respetaban unos a los otros” comprende
en que ellos decían “no tener tiempo disponible
para los demás”.
Cuando
una pareja de estudiantes recurrían hacia otra para
realizarles alguna pregunta de Torá y así
aclarar el tema que los incumbía, cada uno cuidaba
su “rancho”, su individualidad.
“En
estos momentos no dispongo de tiempo para ti; necesito YO
seguir con mi estudio, no puedo interrumpir”. Aun
que sus intenciones eran seguir estudiando y profundizando
en las palabras de Hashem, olvidaban que no vale de nada
la Torá que no es acompañada por buenas cualidades
(tal como nos enseñan nuestros sabios: "La (buena)
conducta (o el respeto) antecede a la Torá").
No tiene valor pensar en lo propio antes que en los demás.
Brindarse hacia el otro es elemental en nuestro servicio
con Di-s. Antes que estudiar, Hashem quiere de nosotros
que seamos serviciales con nuestro prójimo, que estemos
abiertos hacia él. No ensimismarnos en nuestro círculo
egocéntrico y búsqueda de bien (material o
espiritual) propio.
No
es casualidad que esta desgracia haya sucedido antes de
Shavuot, cuando recibimos la Torá. Se torna imposible
recibir algo tan elevado si antes no mejoramos nuestra relación
y respeto por el compañero. No sirve de nada obtener
algo tan sagrado, profundo y divino si no pulimos nuestras
conductas cotidianas.
La segunda explicación que daremos a continuación
es un poco más profunda y “detallista”.
Cada
uno de los alumnos pensaba que su compañero era tan
humilde que no le molestaría si se le faltara el
respeto a su honor. “No pasa nada si sin querer lo
pisé, seguramente él es tan completo, íntegro
y justo que me perdonará de todo corazón,
no siendo necesario pedirle perdón”. Actuaban
de tal manera porque pensaban bien de su compañero.
Quizá
en este caso no eran concientes (según este comentario)
que uno puede perdonar su “kabod” (honor), pero
solamente el propio, no el del compañero.
Cuando en el contexto se relaciona a otra persona, no hay
cálculos posibles y debemos rendirle los mejores
homenajes y cualidades para con él, ¡aunque
el otro no lo exija ni lo solicite ni lo quiera!
Sea
como una explicación u otra, observemos que el Talmud
no se dejó llevar por la “naturaleza”,
“sentido común” o cientificismo. Seguramente
en aquella época muchos “científicos”
y “analistas” dieron “motivos posibles”
a la “epidemia” que estaba afectando a tamaña
cantidad de personas. Aún así, la Fe Judía
nos enseña que nada es “porque sí”,
que todo tiene su motivo, su significado, ya que todas las
situaciones Son Manejadas por Un Poder Supremo y no son
frutos de la “casualidad”.
En
nuestros días que males como la gripe porcina o el
dengue castigan a la sociedad mundial toda, no debemos buscar
culpables ni gobiernos sobre protectores. Que sea pandemia
o no, no es un asunto que ayude a solucionar las cosas.
Leer todas las noticias de los diarios, revistas y T.V.
de punta a punta y estar pendiente de cualquier “novedad”
impulsivamente, no nos asegura el éxito en la lucha
contra estos tipos de plagas (claro está que de todas
maneras siempre debemos hacer lo que esté a nuestro
alcance para prevenir).
No
busquemos motivos o causas ajenas a nuestras responsabilidades.
Levantemos la roca que nos toca sobre nuestras espaldas.
Asumamos nuestra responsabilidad. Es más fácil
catalogar a los males y limitarlos a responsabilidades de
habitantes extranjeros. No olvidemos que todo es minuciosamente
calculado por Hashem, individual y particularmente. No existen
generalizaciones para Él. Si a todos nos toca vivir
estos males, tal vez todos tendremos que inspeccionarnos
y hacer algo para que culminen lo antes posible.
¡Manos a la obra!
Alan J. Owsiany
es Consultor Psicológico (Counselor). Al terminar sus estudios de bachillerato,
estudió 1 año en Yeshivat "Kneset Jizkiahu" - Kfar Jasidim
(Rejasim, Israel).
En la actualidad
trabaja de docente integrador y acompañante terapéutico en una
escuela ortodoxa de la comunidad.
Ocasionalmente
da clases particulares a alumnos con dificultades en el aprendizaje y/o en la
conducta.
Desde la psicología
humanística existencial (enfoque al que toma como columna vertebral),
se esmera en aplicar su profesión dentro del marco de la Torá
y las mitzvot.
Alan dedica
media jornada del día al estudio del Talmud y otros contenidos judaicos
en un Kolel.
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En el
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las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.