Existen
en la persona dos inclinaciones naturales que Di-s introdujo
en ella:
1) Por un lado tenemos al “ietzer hará”,
o sea, el instinto del mal.
2) Por el otro, al “ietzer ha tov”, es decir,
el instinto del bien.
Mientras que el primero nos propulsa a actuar sin pensar,
desde lo instintivo, sin necesidad de procesar la información
a fin de caer en lo incorrecto; el segundo, con propósito
Divino de contrarrestar al anterior, impulsa al ser humano
hacia acciones positivas.
Claramente podemos afirmar que el “culpable”
de un accionar negativo, es el instinto negativo; mientras
que al contemplar una actitud positiva, el “culpable”
será… NO SIEMPRE EL INSTINTO DEL BIEN.
¿Cómo es posible afirmar algo así?,
¿acaso no es el “ietzer ha tov” el que
tiene como función Divina encaminarnos hacia el buen
camino?
Aquella persona que comete una acción prohibida por
la Torá y, acto siguiente, un precepto, para Di-s
se contabilizan por separado. De igual manera, el hecho
de hacer sólo algo incorrecto, y, a posteriori, mil
preceptos, no aminora lo incorrecto. Las acciones negativas
para con las positivas no se borran ni se superponen. Todo
lleva su cuenta aparte: el “pasivo” y el “activo”.
Es entonces como en muchas oportunidades, el instinto del
mal, cuando observa que caemos en actos negativos, nos quiere
hacer olvidar que debemos arrepentirnos, entonces ¿cuál
es su mejor método? ¡Que nos desenfrenemos
por hacer acciones positivas, queriendo tapar automáticamente
aquellos errores! No nos otorga tiempo para pensar, pues,
si aquello sucedería, ¡su trabajo en este mundo
habría llegado a su fin!
Es una tarea muy inteligente de su parte. Es tentador pensar
en acciones positivas sin contemplar el pasado, por ello
fácilmente podemos caer en su trampa.
No significa que no debamos hacer cosas positivas. ¡De
ninguna manera! No se trata de caer en la depresión
y no continuar adelante. ¡En absoluto! Pero tampoco
se trata de olvidarnos aquello de lo que no fuimos precavidos
y, acto siguiente, nuestras faltas queden en el olvido.
En países como Estados Unidos, los orfanatos son
mantenidos por las mafias. ¡Ellos mismos provocaron
aquellos pobres huérfanos, asesinando salvajemente
a sus padres! Pero quizá una manera de alivianar
su cargo de consciencia, es mantenerlos de alguna manera.
También existen personas las cuales realizan negocios
no del todo éticos y para promediar sus errores,
donan sumas millonarias a instituciones religiosas.
Preceptos que tapan lo incorrecto. Que nos hacen olvidar
de algo tan humano como reconocer que nos equivocamos.
Seamos cautelosos. No dejemos engañarnos. No aceptemos
imitaciones. Adquiramos el original. ¡A no distraernos!
-Basado en una conferencia del Rab David Iosef shelita-
Alan J. Owsiany
es Consultor Psicológico (Counselor). Al terminar sus estudios de bachillerato,
estudió 1 año en Yeshivat "Kneset Jizkiahu" - Kfar Jasidim
(Rejasim, Israel).
En la actualidad
trabaja de docente integrador y acompañante terapéutico en una
escuela ortodoxa de la comunidad.
Ocasionalmente
da clases particulares a alumnos con dificultades en el aprendizaje y/o en la
conducta.
Desde la psicología
humanística existencial (enfoque al que toma como columna vertebral),
se esmera en aplicar su profesión dentro del marco de la Torá
y las mitzvot.
Alan dedica
media jornada del día al estudio del Talmud y otros contenidos judaicos
en un Kolel.
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