No
es fácil atravesar estas fechas. No es sencillo recordar
sucesos tristes que nos ponen nostálgicos y melancólicos.
No es simple refrescar tropiezos que nos llenan de desdicha
y quebranto.
Porque
a fin de cuentas, todas las situaciones con que nos topamos
y toparemos, fueron y serán manejadas por algo más
que la propia razón: por Un Poder Supremo.
Es
que se torna más cómodo y confortable transitar
estas jornadas como si nada pasó, como que todo sigue
igual. “¡Ojalá que pasen rápido
estos días!”. En estos últimos tiempos
que tanto la frustración como la tristeza deben evitarse
a todo precio, sean cuales sean las circunstancias, se pierde
el transcurrir de las tragedias; el pasar de las adversidades.
Quizá
a veces tendamos a olvidar que la propia sabiduría
es la que aprender de todos los sucesos, no solamente de
los victoriosos. Todas las crisis y cambios que atravesamos
no son más que oportunidades que nos da la propia
vida. No quiero decir con esto que las malas resoluciones
de los conflictos no nos provoquen dolores intensos de cabeza;
simplemente propongo que estemos abiertos a aprovechar el
otro polo también. A ver las dos caras de la moneda.
¿Qué
sucedió en Tishá be Av (9 de Av)?
Principalmente
la destrucción del Primer Templo (construido por
el rey Salomón), y la del Segundo Templo. Estos hechos
acaecieron en el mismo mes, Av, y como tradición
en el mismo día nueve, pero trascurriendo 556 años
del primero al segundo.
También
posteriormente fue una fecha en la que sucedieron cantidad
de desgracias.
Según
la Mishná (Taanit, 4:6), hay algunos eventos que
justifican el ayuno y la abstinencia el 9 de Av:
* Este día, Moisés mandó 12 espías
para informarle sobre la tierra de Canaán. Los espías
regresaron con malas noticias, y los hijos de Israel sollozaran,
temieran y se desesperaran por no poder ingresar a la Tierra
Prometida. Este día vendría a ser solemnizado
por las generaciones venideras de los Hijos de Israel (Números
cap. 13-14).
* Los babilonios arrasaron el Templo de Salomón (el
primero) y toda Judea liderados por Nabucodonosor en el
586 a. C., condenado a la población al exilio de
Babilonia.
* El Segundo Templo fue destruido por el Imperio Romano
en el año 70, llevando a los judíos a una
diáspora de dos mil años.
* La revuelta de Simón bar Kojba contra Roma fracasó
y Bar Kojba, el Taná Rabí Akiva y miles de
sus seguidores fueron asesinados (fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Tisha_b'Av)
Los sabios nos enseñaron que los motivos por los
cuales estos sucesos sucedieron fue por falta de consideración
del prójimo. Por “odio gratuito” (ya
hablamos en una oportunidad de los motivos específicos,
para ampliar el tema se puede visitar el post anterior).
Difícil se torna aceptar a todos como realmente son.
Difícil resulta no guardarse algo –al menos-
en lo profundo del corazón con lo que nos hicieron
mucho daño. Circunstancias que tuvimos que sufrir;
espinas que se clavaron muy profundamente; y las heridas
aun no se cierran…
Intentamos pero no podemos. La maldad se apoderó
de aquellas personas en tal momento, y los damnificados
resultamos nosotros. Palabras que duelen. Actos que destruyen…
¿Y
ahora se pretende que no odiemos a nadie, aún en
una mínima medida? ¿Cómo puedo lidiar
con un sentimiento? ¿Acaso es posible poder dominar
mis sentimientos? ¿Cómo decirle a mi organismo,
a mi corazón, que deje de tener rencor?
Si supiera la respuesta no estaría escribiendo en
estos momentos. Supongo que hubiese llamado telefónicamente
a cada uno de ustedes, dándoles el antídoto
a este mal tan grande que nos degrada tanto. A estas situaciones
tan tajantes y desgarradoras.
Lo que sí sé es que se torna un ejercicio
prolongado. De la noche a la mañana no puedo auto-engañarme
diciendo que: “lo perdoné de todo corazón;
no siento nada dentro mío, ya todo se esfumó”.
Eso es mentir. Ser incongruente. Enmascararse.
Un perdón que no es sincero no tiene valor, ni para
el que lo pide ni para el que lo da.
Antes de irnos a dormir, hay un texto que se recita antes
del “Kriat Shemá” en el cual la persona
dice que perdona a todo sujeto que le hizo algún
daño, sea monetario verbal o actitudinal, para que
otros sujetos no sean castigadas por culpa propia.
En una oportunidad, observaron a un tío del Rab Shaj
ZZ”L dando vueltas en la cama sin poder conciliar
el sueño. “¿Qué sucede? ¿Por
qué no te duermes?”, le preguntaron. “Pasa
que tuve un hecho un tanto doloroso en el día de
la fecha y aun no puedo perdonar a aquella persona, entonces,
¿cómo podré decir “perdono a
toda persona que me hizo un daño”, si realmente
así no lo siento? Estoy tratando de perdonarlo para
poder pronunciar el texto sin llegar a mentir…”
Ser conscientes que debemos llegar a algo, aunque no lo
hemos logrado, es un gran paso. En cualquier esfera. “Se
la verdad, pero estoy en camino” es sinónimo
de voluntad, y eso es sumamente positivo. Tampoco quedarse
en el molde, claro, ni creer que adquirimos las cosas en
forma instantánea ya que, como reza el refrán,
“lo que viene rápido se va más rápido”.
El camino que más nos une a nuestras raíces
que nos permitirá activar medianamente la voluntad
de cambio frente a estas circunstancias, es tomando conciencia
que todo es manejado por un Poder Superior. Que nada ni
nadie nos perjudicarían si anteriormente no está
“aprobado” por Di-s. Claro que no siempre se
pueden comprender los motivos de todo, ya que individuo-Creador
no es una dupla compatible (en cierto sentido), ni nada
de lo que Él entiende como “bien” para
nosotros puede comprenderse de la misma manera, y viceversa.
Salvando las distancias, se puede decir alegóricamente
que existe un “director de teatro” como así
también, los “actores” del elenco. Aun
siendo los “actores” los ejecutores de las maniobras,
la proyección y dinámica de la “obra”
está comandada por el director. Los “actores”
son simplemente títeres. De modo similar, podemos
decir que Hashem (Di-s) es el “comandante” de
los actos y los terceros, son simplemente “actores”
de Él, marionetas.
Ojo, es un tema extenso… No podríamos entrar
mucho en detalle, pues hay demasiado para analizar…
Uno podría llegar a pensar que no existe el libre
albedrío y entonces todo lo que se pase por la mente
lo ejecutará, ya que si así sucedió,
es porque Hashem quiso que ocurra, pero no es así.
El libre albedrío sí que existe y cada uno
es responsable por sus actos… (me reservo el tema
para tratarlo en otra oportunidad, bli neder).
Un último tema que me gustaría tratar es la
tan afamada y esperada “redención”. Al
terminar las conferencias, todo rabino dice: “…
con la llegada del Mesías, pronto en nuestro días,
amén”, o bien: “… con la pronta
reconstrucción del Bet Hamikdash (Sagrado Templo),
amén”. Se torna algo sumamente automático
de exclamar, obligatorio de decir, pero… ¿realmente
así lo sentimos?
El Jafetz JaimZZ”L solía decir que en la “Amidá”
(texto de las oraciones) las personas suelen pedir muy enérgicamente
por su sustento, por su curación y resolución
de todo conflicto. Pero se olvida que solamente con la bendición
de “Boné Ierushalaim” (que se reconstruya
Jerusalem), se solucionan todos los problemas anteriores:
de salud, de sustento… ¡de toda índole!
¡¿Por qué será que en esta última
no se trata de concentrarse tanto, si es la respuesta a
toda súplica?!
¿Dejaríamos
todos nuestros bienes de nuestras tierras “natales”
para dirigirnos a Israel? ¿Nos apartaríamos
de nuestros hogares confortables y amoblados tan sencillamente?
¿Estamos realmente preparados para observar milagros
de tal magnitud?
La lógica y la generalidad indican que muy pocas
veces nosotros, los que estamos fuera de Israel, reflexionamos
en alguna ocasión de todo lo que implica la llegada
de la “Geulá” (redención final).
Claro que todo lo que es desconocido resulta “peligroso”
y por lo tanto crea una inseguridad difícil de sortear.
Siempre lo conocido da seguridad, firmeza, protección…
pero tal vez ignoramos que nos deja siempre encasillados
en el mismo lugar, sin oportunidad de salir a conocer el
más allá, descubriendo nuevas cosas, nuevos
caminos, nuevas metas…
Di-s está sin su Casa, sin el Sagrado Templo de Jerusalem.
De nosotros depende que vuelva a su lugar de origen. Con
voluntad, perseverancia y actitud podremos acercarla cuanto
antes. Pero de verdad. Hagamos méritos.
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